NOTICIAS
PARA LA HISTORIA DE CANARIAS.
CONQUISTADORES
Y CONQUISTADOS. (Notas sueltas)
(Artículo
publicado en el Boletín de la
Real Sociedad Económica de Amigos del País el 21 de mayo de
1899)
(Conclusión)
Sin más objeto estas notas sino el de procurar no queden enteramente
relegadas al olvido algunas noticias del enlace de los indígenas con los
europeos, vamos hoy a hablar del famoso Bentaguaya, que nuestros historiadores dicen
estuvo a punto de destruir el campamento español en las márgenes del Guiniguad
o Guiniguada, de la vecina isla
de Gran Canaria.
Sabido es que después de la conquista, este prócer isleño tradujo
al castellano su nombre o apellido, y se llamó Antonio de la Sierra, y su esposa se
llamó D.ª María González Maninidra. Pasó a la conquista de Palma y Tenerife, donde
se le hicieron varias datas, o sea repartos de tierra. Sus hijos fueron
1—Pedro de la Sierra,
que casó con Francisca de Betancour, Canaria, con sucesión; 2—Diego de la Sierra, marido que fue de
Clara Castellano, también con sucesión;3—Juana González mujer legítima de
Antonio Alonso, que dejaron asimismo descendencia; 4—Antonia González de la Sierra, esposa de Pedro
Hernández Guanarteme, cuya sucesión se indicará luego; 5—Inés González de la Sierra, que también fue
casada y no dejó hijos (así dice el manuscrito original); 6—Francisca, que
falleció soltera; 7 y 8—Dos varones que pasaron a las Indias con el segundo
Adelantado. De casi todos estos hermanos, así como de sus hijos y nietos, hay
una multitud de documentos públicos.
«De los dichos Pedro y Francisca Betancour (o Rodríguez Betancour)
nacieron: 1, 2 y 3—Gaspar, Melchor y Gregorio; 4—Antonio, marido de Lucía
Pérez, cuyo hijo Bartolomé fue casado con María de Torres, hija legitima del
capitán Diego de Torres, canario, y de Antonia de Linares; 5—Diego de la Sierra, marido de
Sebastiana de Mena; 6—Fray Antonio de la Sierra Betancour;
7—-María de Betancour, mujer de Francisco González; y 8—Ana de la Sierra, que casó con
Baltazar Correa.
«De Pedro Hernández Guanarteme y la Antonia González fueron hijos:
1— …vecino de la Palma;
2—Francisca Hernández, madre de Leonor de Torres, y abuela del Licenciado... de
Torres; 3--Inés de la Sierra,
que casó con el noble vizcaíno Domingo de Emparán y Justis.»
El citado manuscrito, que es autógrafo de nuestro célebre cronista
Nuñez de la Peña,
termina con una noticia de la familia Emparán, noticia que quisiéramos omitir
aquí a fin de no alargar más estos renglones; pero accediendo al deseo de una
persona de nuestro aprecio, y considerando que en realidad es curiosa y está
próxima a desaparecer en el olvido, la vamos a reproducir. Dice así: (1)
«La familia de Emparán es muy conocida en Fuenterrabía y
su jurisdicción, casa antigua de término redondo; su escudo es partido en fax,
campo azul y en él un castillo de oro, punta de ajedrez o jaqueles de colorado
y de plata. La casa de Justis es también en jurisdicción de Fuenterrabía; su
escudo de armas es en cruz, de cuatro cuarteles. De estas dos casas procedía
Domingo de Emparán y Justis, el cual por los años de 1560 pasó desde Fuenterrabía
a esta isla de Tenerife, juntamente con Martín
de Emparán, su hermano, y se casó aquí con Inés de la Sierra Guanarteme.
Su hija D." María de Emparán casó con… de Anchieta.
«Estando el dicho Domingo de Emparán en el Puerto de
Garachico, dio poder en San Pedro de Daute, lunes 29 de Abril de 1577, ante Álvaro
de Quiñones, para litigar y ejecutoriar su hidalguía; y con dicho poder, en 22 de
Junio del mismo año, compareció en Fuenterrabía el procurador Juan de Ubilla y
presentó la petición siguiente:
«Se mandó dar traslado a Gabriel Durango, Procurador Síndico
de la Junta de
la provincia, y se le notificó el auto en dicho día, y luego el 25 inmediato
presentó el citado Ubilla otra petición en la que haciendo caución de rato indicato
solvendo, pide igualmente por Martín de Emparán, aunque no tiene poder
suyo, atento a que es hermano del dicho Domingo de Emparán y Justis. Pide en
otro sí que se le dé un tanto de los privilegios de Vizcaya ».
«Y luego en 8 de
Julio de dicho año respondió Gabriel Durango lo siguiente (folio 53); se le dio
traslado a Juan de Ubilla, y a 9 del mismo mes su merced el Sr. Juan
Suares... Alcalde dio la sentencia siguiente (dicho folio); y se notificó a la una
y la otra parte, y el siguiente día hizo Ubilla el nombramiento de los testigos
que había de presentar, estando presente el Procurador Síndico, que dijo los
recibía y aceptaba; y en 17 del dicho mes, ante el magnánimo Sr. Juan Suárez,
por presencia de Sebastián de Casavante…(aquí siguen palabras que no se
entienden, y otras que faltan con el papel) y pondré uno de los primeros testigos
y en 7 de Agosto del mismo año fue dada y pronunciada la dicha sentencia. Los
testigos presentados fueron: Pedro de Urdanibia, dueño y señor de la casa de Aristi,
de 80 años; Martín de Zavaleta, dueño y señor de la casa de Zavaleta, de 70
años; Pedro de Gainsu, vecino de Inibrasu, de 76 años; Juan de Tompes, señor de
esta casa, de 72 años; Juan de Alcuvide, dueño y señor de la casa de Rosei, de
65 años; Francisco de Chavarria (o Chucarria), dueño y señor de la casa
Mugarrieta, de 75 años; Martín de Aranas, dueño y señor de la casa de Bentaran,
de 66 años; Miguel de Zigarroa, dueño de la casa de Ipisticu, de 68 años;
Sebastián de Iraeza o Irarza, vecino de....Tuebia, de 70 años; y Jacobo de
Agarroa, señor de la casa Zigarroa, de 62 años. Dióse la sentencia, como dicho
está, en 7 de Agosto de 1577 (folio 74) ».
Ya tenemos manifestado, en otro trabajo anterior, que no
nos ocupamos de las sucesiones de los menceyes y otros naturales o indígenas de
la isla de Tenerife, y de sus enlaces con los conquistadores y con las sucesiones o
descendencias de éstos, por que es asunto del cual ya se ha ocupado con
extensión nuestro amigo D. Leandro Serra y Moratín, y por que es de esperar que
siga tratándole si adquiere nuevos datos o noticias, que le merezcan entero crédito
y sirvan para ampliar o por lo menos corroborar lo mismo que ya tiene
consignado.
No debemos concluir
sin manifestar también nuestro deseo (que lo es asimismo de muchas otras
personas) de que tanto el señor Serra y Moratín como algunos otros, además de
lo que ya tienen publicado respecto a las antigüedades canarias, den a la luz
cualesquiera otras noticias curiosas que tengan o puedan procurarse en este
asunto. No sólo en Tenerife, sino también en las otras islas, hay sin duda
varias personas que poseen datos curiosos e interesantes, que al menos en forma
de notas sueltas debieran ser conocidos del público.
Ya les ha dado el
ejemplo el señor D. Cipriano de Arribas (del Realejo alto), que ha dado a la
luz muy curiosas noticias, las cuales es muy probable que se hubieran perdido o desaparecido, sin la laudable atención de dicho Sr. Los
manuscritos viejos, en general, están ya bastante deteriorados, y dentro de
algún tiempo desaparecerán del todo, quedando sus noticias sepultadas en el
olvido, si algunas personas ilustradas y curiosas no se toman el ligero cuidado
y trabajo de reproducirles. Hoy que tantas cosas se
dan a la prensa, muchas de ellas completamente insignificantes, ridículas y
hasta inmorales, bien pueden salir a la luz aquellos trabajos, siquiera sean de
puro entretenimiento, de sana y honesta distracción de nuestros mayores, cuando
no sean positivamente datos que sirvan para aclarar diversos puntos o pasajes
obscuros de la cronología y de la
Historia.
Ya nuestro preclaro historiador Viera, se
quejaba de la incuria de muchos, cuando dice en el prólogo del tomo primero de
sus Noticias:
«Las islas son deudoras a los inmensos trabajos de Núñez de la Peña, de diferentes noticias,
que acaso estarían ya olvidadas; y sus copiosos manuscritos derramados
en ellas son testigos muy respetables de que no vivió inútilmente. Aun debo
decir más. El inexacto D. Juan Núñez, que sobrevivió algunos años a la impresión
de su citado libro, conoció sus propios errores, y dejó de su puño varios
apuntes en que los confesaba y enmendaba. Es verdad que aquellos errores corren
todavía libremente por el mundo, mientras las retractaciones y correcciones
están ocultas en los desvanes de cierta pequeña biblioteca; pero tal suele ser
el destino de la verdad.»
Es cierto. El error, la mentira y hasta la calumnia más
inicua y más intencional, suelen correr por el mundo mucho más que la verdad.
El mismo Viera, a pesar de su saber, rectitud y sano criterio, incurrió con la
mayor buena fe en el error de muchos, que consiste en creer el aniquilamiento
de la raza guanche; salvo que aquí el ilustrado historiador no se refiriese
sino al aniquilamiento o extinción como nación independiente. Viera escribió su
obra fuera del país, no pudo conocer infinidad de archivos y noticias escritas,
diseminados en las islas; ni siquiera tuvo noticias de las datas de los
menceyes, excepto las que se hizo al de Adeje (2); de ahí sus errores disculpables, en verdad, pero que han tenido fatal trascendencia entre
sus numerosos lectores, que menos impuestos que él en nuestras antigüedades,
han repetido y aun exagerado lo dicho por aquel historiador.
A pesar de esas faltas o
lunares, la obra de Viera ha sido y será por largo tiempo, según parece, la
mejor que sobre el asunto haya visto y vea la luz en esta isla de Tenerife, y
una de las mejores de toda la
Provincia.
Viera y Clavijo se adelantó a su época; si hoy
o en nuestros días hubiera escrito su obra, seguramente no hubiera incurrido en
aquellas faltas disculpables, debidas principalmente a sus múltiples atenciones
y a la circunstancia de estar largo tiempo fuera de nuestras islas, y componer
allá sus Noticias, privado de una multitud de datos que seguramente hubiera
conseguido y consultado aquí, y hasta le hubieran sido ofrecidos y presentados
espontáneamente por diferentes personas.
(1)
Omitimos la relación que allí se hace de los blasones de Guanarteme,
Maninidra, Hierra y Doramas por
hallarse tan deteriorada esa parte del
mismo manuscrito, que algunos trozos faltan o no se entienden.
No fueron esas solas familias nobles o hidalgas
canarias las que tuvieron escudos de armas,
según era costumbre en aquella época; otras también les tuvieron en estas islas, en particular las de los menceyes de Tenerife. Lo mismo pasó en América con
los soberanos y magnates naturales del país.
(2) Es evidente, y tal era
también la opinión de Mr. Berthelot Antiquités canariences,—que Viera
incurrió en ese error a causa que Núñez de la Peña, en la lista que publicó de las personas que
tuvieron reparto de tierra en Tenerife, sólo de D. Diego de Adeje dice que fue
mencey o rey. Es verosímil que tampoco el general Lugo, al hacer el
repartimiento, se cuidara de significar que fueron menceyes otras personas
agraciadas con esas datas, como tampoco se cuidó siempre en expresar que fueron
guanches o indígenas. En algunas dijo ser natural o guanche el interesado, y no
lo repitió así Peña al formar su lista. Resulta de todo ello que, como ya los
naturales tenían nombres y apellidos europeos, por tales europeos les tomaron
Viera y otros muchos.