domingo, 9 de noviembre de 2014

DELENDA CARTAGO (II)

               (Artículo publicado en el Diario de Tenerife el 14 de febrero de 1900)

(continuación)

Hemos dicho al comienzo de este trabajo que la gran ciudad púnica fue del número de las que han desaparecido de sobre la faz de la tierra; pero acaso algún día se levante una nueva ciudad en aquel mismo territorio; tales van suelen ser las vicisitudes y alternativas de las cosas humanas. (1)

También manifestamos que la nueva Cartago, aun cuando ya no era mas que una colonia romana, estaba en gran parte poblada por gente africana, sobre lodo púnica y líbifenicia; luego veremos que el idioma que allí se hablaba, durante los siete siglos que subsistió la misma ciudad, era mas bien fenicio que latino. Quizá había más sangre púnica en Cartago, que sangre latina en Roma, cuando ésta última ciudad se vio invadida y saqueada, repetidas veces, por los pueblos del Norte; y lo que parece más raro aún, Cartago continuó siendo considerada como la capital de África, hasta algún tiempo después de la caída del imperio Romano de Occidente. Estrabon  y otros autores del siglo de Augusto, llaman la atención acerca del poco tiempo transcurrido desde la pretendida destrucción de Cartago y mismo autor citado que en su tiempo su renacimiento, afirmando que no había otra ciudad más poblada en África, sin exceptuar a la famosa Utica su antigua rival, aunque tan fenicia o púnica de origen como ella. Y es de advertir que Utica, por su constante adhesión a los romanos, y por los servicios y auxilios que les prestó durante la tercera guerra púnica, obtuvo casi la mitad del país que pertenecía al pueblo vencido. La rivalidad entre Utica y Cartago se parece a la que más tarde existió en las repúblicas italianas, y antes entre las griegas. En particular Venecia y Genova se disputaron la supremacía, como Atenas y Esparta; si una cualquiera de esta repúblicas rivales no hubiera existido, es casi seguro que la otra hubiera llegado a alcanzar una importancia y poderío igual al obtenido por las principales naciones del mundo.

 Vamos a concluir dando una ligera noticia de las vicisitudes que pasó o atravesó Cartago, colonia romana, hasta la fecha de su verdadera destrucción. Ya hemos insinuado que fue por largo tiempo la Capital de la provincia romana en África. Pero antes de acabar este trabajo, no podemos dispensarnos de hablar de la literatura púnica, que algunos autores modernos han puesto en duda que existiera, o le han atribuido escasa importancia. 

Plinio el mayor refiere que después de tomada aquella ciudad por los romanos, éstos regalaron a sus aliados las bibliotecas públicas que hallaron en ella. Salustio concede bastante importancia y autoridad a los libros púnicos que poseyó el rey Hiempsal, soberano que fue de aquella parte de África llamada hoy Argelia, Marruecos, Fez  norte del Sahara. Esta vasta región fue la antigua  Numidia, cuyos habitantes se civilizaron en gran parte por su roce y comercio con fenicios y púnicos — phunices o phoenices-Polibio nos habla con encomio de los historiadores de aquella misma nación púnica; y por otra parte, es sabido que una notable obra sobre agricultura, escrita por el cartaginés Magón, fue traducida al idioma latino por Silano, y en ella copiaron largos trozos Plinio, Columela y otros autores.

Muchos autores antiguos, y en particular Valerio Máximo, Servio, Apiano y Orosio, nos han dejado bastantes y detalladas noticias sobre la ciudad de que tratamos, antes y después de su caída bajo el poder romano. Servio dice, tal vez por error, que fueron los cartagineses los primeros que empedraron y embaldosaron sus calles. Por lo demás, no creemos haya exageración en lo que dice acerca de los monumentos de la misma ciudad, sus puertos, su marina etc. Estrabon y Tito Livio atribuyen a Cartago un solar más extenso que el de Roma, y el primero de dichos autores añade que al comenzar la tercera guerra púnica, la población de aquella ciudad no bajaba de setecientas mil almas.

A riesgo de alargarnos demasiado copiaremos de Apiano unas cuantas líneas sobre las murallas que rodeaban a la referida ciudad:

«Desde el mediodía hacia el continente, de lado del istmo donde se eleva la ciudadela de Byrsa, existía una triple fortificación. La altura de los muros era de treinta codos, sin las almenas y las torres, cada una de las cuales tenía cuatro altos o pisos los muros tenían dos plantas o pisos, y eran en gran parte huecos y cubiertos; la parte baja servía de cuadra para trescientos elefantes, y de almacén para cuanto era necesario  para mantenerlos. La parte alta  podía contener cuatro mil caballos, con la yerba o forraje y cebada suficiente y además cuarteles para veinte y cuatro mil hombres de defensa. Tales eran los recursos que ofrecían los muros solos en su interior»

Todas estas construcciones, según Paulo Osorio, eran de piedra labrada o sillería, a imitación de las de Sidón y de Tiro.

  Un autor árabe del siglo XI, Abou Obaid el Bekri, dice así, hablando de otros edificios de Cartago:

«Se ve allí un palacio llamado Moullakah, que se distingue por su extensión y elevación prodigiosas; se compone de galerías abovedadas, que forman muchos pisos, desde los que se domino el mar. Por la parte de Occidente se ve otro monumento llamado el Teatro, el cual tiene un gran número de puertas y de ventanas, y se eleva igualmente por pisos. Otro edificio llamado Houmas se compone asimismo de muchos altos o sobrados adornados con pilares cuadrangulares de mármol, cuyo espesor y altura causan admiración»

Habrá algo de exageración oriental en esas frases; pero llama la atención que existieran aún esos monumentos en el siglo undécimo de nuestra Era.

Del anfiteatro dice el mismo autor lo siguiente:

«Es de forma circular y se compone de cincuenta arcadas todavía subsistentes; cada Una de ellas abarca un espacio como de veinte y tres pies, lo que hace unos mil ciento cincuenta pies de circunferencia total. Sobre estas arcadas se elevan otros cinco órdenes de arcos, de la misma forma y dimensión; y en lo más alto de cada arcada hay diversas figuras, y representaciones curiosas de hombres, de animales, y también de embarcaciones, todas esculpidas con gran artificio. En general puede decirse que los otros edificios de igual género, por notables que sean, son poca cosa comparados con este.» 
 Es de advertir que este autor árabe vivió, según algunos de sus biógrafos, no en el undécimo sino en el décimo tercer siglo de la Era Cristiana. Acaso hubiera  dos autores de aquel mismo nombre; y  por otra parte, es necesario saber en que muchas ruinas o restos de aquella población pertenecen a la época romana. Plutarco refiere con detalles la repoblación de Cartago por los romanos, conducidos por Cayo Graco, y dice que para evitar la odiosidad que a muchos de estos inspiraba aquel hombre, dieron a la nueva ciudad el de Junonia, con lo cual les parecía lisonjear a esta diosa, que pasaba por ser la misma Astarté, a la cual los punces habían erigido un magnífico templo. 

Dion Casio dejó consignado que Julio Cesar tuvo especial empeño en repoblar a Cartago y a Corintio, ciudades famosas cuyos restos visitó; y que en efecto envió a ellas nuevos colonos para aumentar su población; al mismo autor y a Solino debemos algunas otras noticias sobre el asunto, como también a Pomponio Mela. Apuleyo afirma que bajo el imperio de Antonino, era tan usado en la primera de dichas ciudades el idioma latino como el púnico. 

Pero más tarde otro idioma vino a mezclarse con aquellos -en los que ya existían no pocas voces númidas; —hablamos del idioma o dialecto de los vándalos, que pasaron al África bajo el mando de su rey Gensérico. Antes de referir alguna cosa más acerca de dicha invasión, recapitularemos algunas frases de los últimos autores romanos que hacen mención de la grandeza que en su tiempo tenía la que había sido rival de Roma, grandeza que los vándalos abatieron, según unos autores, o conservaron según afirman otros. La marina de Cartago había vuelto a ser, bajo el imperio Romano, la primera del África, y lo mismo su comercio, que aseguran se extendía por todo ese Continente; pero además de esa noticia—en que casi todos concuerdan, —copiaremos alguna otra antes de terminar este trabajo con dos palabras sobre la dominación vándala o vandálica, que no fue sin embargo la que acabó con la histórica ciudad, que había existido durante tantos siglos (1).


(Concluirá)                                                                                               R. GARCÍA-RAMOS


(1) También hablamos anteriormente de la famosa villa o ciudad de Sagunto, ciudad que según parece y lo afirman respetables autores, no fue de origen ibero, sino que la fundó una colonia de zazuntos o  zazintiós, es un país colonizado anteriormente por los rútulos. Barcelona, Valencia, Cartagena y en general las ciudades del litoral oriental de la misma península, casi todas debieron si fundación al comercio con los extranjeros.
  
El famoso Silio Itálico, natural o al menos nos oriundo de Itálica o Sevilla la vieja, casi siempre llama rútulos a los saguntinos;  pero es constante que en Sagunto, como en Cartagena o Cartago Nova, en Barcino, Barcinone o Barcelona etc, la población de origen íbero no fue menos numerosa que las procedentes de las colonizaciones del extranjero. Los rútulos es sabido vinieron  del Lacio,  esto es, del país donde Evandro fundó  la villa de Pallantio o Pallantea, y donde más tarde fue fundada Roma.

No es fácil hablar de los rútulos sin recordar la trágica muerte de Niso y Euríale, compañeros de Eneas a manos del rútulo Volscens; lo cual tal vez no sea mas que una creación de Virgilio en su famosa Eneida.



En cuanto a los zazintiós, huelga decir que procedían de la isla de Zante, la nemorosa Zazintos de los antiguos, y que colonizaron en diversos países, como los tirios, los focences, los lidios y otros pueblos.

viernes, 7 de noviembre de 2014

DELENDA CARTAGO.(I)

                     (Artículo publicado en el Diario de Tenerife el 13 de febrero de 1900)

No vamos a investigar las causas del odio entre las dos grandes repúblicas de la antigüedad. Parece que la una no podía soportar la existencia de la otra, aun, cuando la viese abatida y humillada. La orgullosa Roma no podía sufrir que viviese otro pueblo que la había puesto a ella misma a dos dedos de la muerte. Si Cartago hubiera triunfado, es verosímil que a su vez hubiera cantado el delenda Roma porque era una especie de duelo a muerte el que se trabó entre ambos estados o potencias.

Cartago cayó como después diremos: pero no desapareció de la tierra hasta muchos años después que Roma a su vez había sido humillada y pisoteada por los pueblos del norte diremos bárbaros del Norte; porque aún cuando lo fueran, no lo eran mucho menos los romanos o latinos de aquel tiempo. Estos últimos es sabido que formaban una amalgama de gentes diversas, que de todas partes habían huido a Italia; tan solo los esclavos y los libertos, y la descendencia de unos y otros, era tan numerosa como la italiana de origen; y además los ejércitos romanos se componían en su mayor parte de gente que no había nacido en aquella península; hasta los Emperadores, durante el período llamado del bajo imperio, no fueron italianos de nacimiento, salvo tal o cual rara excepción.

Pero Roma, como Atenas, se ha sobrevivido a sí misma, según una frase hiperbólica muy repetida; mientras que Cartago murió como Esparta, como Tebas, como Troya, o como Babilonia; ni siquiera aparecen claramente sus ruinas, y hasta se disputa acerca del sitio que verdaderamente ocuparon Sic transit gloria mundi  acaso algún día se pregunte en vano el sitio que ocuparon Londres o París.

Hubo, sin embargo, un tiempo en que las flotas púnicas o cartaginesas dominaban los mares, como después les dominaron los flotas llamadas árabes; unas y otras frecuentaban el litoral africado fronterizo a nuestras islas, y sin duda las visitaron y dejaron gente en ellas. Plinio refiere, como es sabido, que el rey Juba fundó en Canarias establecimientos para el tinte de púrpura; y además, no puede dudarse que desde las colonias púnicas o libi fenicias de la Getulia y de todo ese litoral occidental del inmediato Continente, se pasaría más de una vez a las Canarías y a las islas de Cabo Verde. El periplo o viaje de Hannon menciona entre otras las villas o ciudades llamadas Mélita y Arambe, fundadas a poco más o menos frente a nuestras islas, nombre el primero de esos que hace recordar la isla de Malta, llamada Mélita por los mismos cartagineses sus dueños y pobladores.

Ocioso es repetir aquí que también fue suya casi toda la Sicilia, toda la Córcega y la Cerdeña, una parte de las Baleares y otra de la península Ibérica.

No vamos a hacer aquí la historia de las famosas guerras púnicas, a la segunda de las cuales sirvió de pretexto la destrucción de Sagunto por Annibal. Pero diremos que la tercera fue un abuso de fuerza, por no decir una inquidad, de parle de los romanos; éstos debieran haber respetado la desgracia y humillación de sus antiguos rivales; así lo pensaban también muchos romanos, y lo manifestaron en el Senado; pero al fin la mayoría decidió acabar con Cartago y quitarse de encima la eterna pesadilla del poder cartaginés, que siempre veían renacer. Además, ya lo hemos dicho, repugnaba al orgullo y omnipotencia de Roma, la existencia de una nación que la había puesto al borde de su ruina, y no olvidaba que Annibal había llegado a acampar bajo los muros de la ciudad eterna, después de haber abandonado con su ejército las delicias de Cápua.

Consumada la destrucción de la metrópoli cartaginesa, y convertido aquel país en provincia romana, tuvo más tarde Cayo Graco la orden de repoblarla; pero debe advertirse que la pretendida destrucción de Cartago; como la de Sagunto, ha sido en gran parte imaginaria. Cayo Graco y su gente hallaron a Cartago ya repoblada en parte por sus antiguos moradores y por otros africanos; y en cuanto a Sagunto, renació muy pronto de sus cenizas como Cartago, sólo fue incendiada en parte,—en términos que los saguntinos volvieron a ser poderosos bajo la protección de los romanos, como consta positivamente en varios trabajos históricos. Precisamente la historia Romana menciona varias embajadas—así se las califica — dirigidas al Senado por los saguntinos durante la segunda guerra púnica, que ya hemos dicho tuvo su origen en la toma de Sagunto por los cartagineses; siendo de notar qué una de esas embajadas tuvo por objeto entregar al mismo Senado Romano los oficiales púnicos que recorrían toda la península Ibérica reclutando gente; y no sólo les hicieron prisioneros los saguntinos, sino que les tomaron todo el oro y plata que llevaban consigo y que ascendía a varios millones; todo ello lo enviaron a Roma, y el Senado, en recompensa de su adhesión, valor y desprendimiento, tan sólo les quiso recibir los prisioneros, haciendo a los saguntinos gracia y donación de las sumas. Verdad es que a la sazón Annibal marchaba de Italia apresuradamente para defender su propio país de los ataques del segundo Escipión llamado africano; pero esa misma circunstancia demuestra lo pronto que se había levantado Sagunto de su gloriosa caída.

No es de omitir aquí, aunque nada tenga que ver esto con la toma de Cartago, que en el mismo año—146 antes de nuestra Era—sucumbió otra famosa potencia, la parte de Grecia que aún se mantenía independiente. Corinto sostuvo heroicamente un largo sitio; pero entonces fue casi enteramente destruido, como Cartago, y como antes lo había sido Sagunto. La Grecia fue reducida a provincia romana; pero aquella ciudad española y su territorio tuvieron la suerte de conservar por algún tiempo su independencia. Escipión y Mummio triunfaron casi a la vez, el uno de los restos del poderío cartaginés, y el otro de la mitad de la Grecia, cuyo último baluarte fue la ciudadela corintia.

Antes de hablar de la suerte o destino ulterior de Cartago, debemos dedicar unas cuantas palabras a su antigua constitución política.
  
El Senado cartaginés era muy numeroso; pero no se reunía sino en las grandes ocasiones. De ordinario llevaba el gobierno de la república un cuerpo compuesto de cien miembros o individuos, presidido por uno de los dos sufetes o cónsules, que algunos autores llaman reyes, aunque a nuestro entender con alguna impropiedad. Sin embargo,estos dos altos funcionarios no estaban obligados, como lo estaban los cónsules romanos, a mandar constantemente los ejércitos; rara vez se les veía al frente o cabeza de estos.

Aunque faltan noticias bastantes para formar un juicio exacto del sistema de gobierno de aquella famosa república, es indudable que rivalizó bajo muchos conceptos con el de Roma; solo así se explica el gran desarrollo y poder de la nación púnica, que avasalló no solamente las demás colonias fenicias establecidos en África, sino también una considerable parte del mismo Continente. Sin duda iba a  ser en África lo que en Europa llegó a ser la nación latina, y de ahí nació su mutua rivalidad y envidia. Es cosa remarcable que un hombre tan probo y grave o severo como Catón el censor, acostumbrara añadir a su dictamen sobre cualquier asunto, su conocida e inexorable frase Delenda Cartago; siempre que daba su voto en el Senado, creía necesario o conveniente concluir diciendo: Opino, además, que Cartago debe ser demolida.

Es verdad, por otra parte, que uno de los Escipiones, venerable anciano que también había sido Censor, contradecía con frecuencia ese parecer de su antiguo colega; pero la mayoría se inclinaba a la solución catoniana, tal vez influida por las noticias exageradas que corrían del odio de los púnicos contra los romanos, y juramento que se decía hecho por Annibal y por otros jefes, de acabar con la nación latina. Plutarco, en su Vida de Catón, refiero largamente las disputas entre aquellos dos famosos senadores, llamados ambos los hombres más probos y virtuosos de la República.

Es verdad también que la ciudad de Cartago era quizás entonces la primera del mundo, y lo mismo su puerto. Tan solo Siracusa, capital de la Sicilia, podía comparársele. Sus innumerables calles y edificios de cinco y seis pisos o plantas, sus templos, sus muelles, sus plazas, sus almacenes o depósitos de mercancías, sus arsenales y astilleros eran la admiración y envidia de los romanos, que en vano querían hacer del puerto de Ostia—situado a la desembocadura del Tíber,—de algunos otros de Italia, unos centros mercantiles y navieros comparables a Siracusa y Cartago (1)

Y como no podían o les era sumamente difícil hacer tal cosa, juzgaron más sencillo apoderarse de una y otra ciudad, como se habían apoderado y siguieron haciéndolo de todo o casi todo el mundo conocido.

                                                                                           R. GARCÍA-RAMOS.

(Concluirá)

jueves, 6 de noviembre de 2014

SECCIÓN CIENTÍFICA: GEOLOGÍA. LA CORDILLERA DE ANAGA.

(Artículo publicado en el boletín de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife el 28 de abril de 1899)
                                Documentación obtenida de Jable.Archivo de prensa digital de la ULPGC

 La cordillera de Anaga es digna de notarse la insistencia con que varios y distinguidos geólogos modernos, alemanes en su mayor parte, se inclinan a creer que la parte del norte o nordeste de Tenerife es anterior al resto de la isla. Suponen que el terreno donde hoy descuella la cordillera de Anaga, constituyó la isla primitiva o al menos la principal de las islas e islotes que más tarde formaron un sólo cuerpo, a causa de las erupciones volcánicas y algunos levantamientos del suelo submarino, o acaso de todo el suelo sobre que descansa la isla.
Teide

El monte Teide, pues, según esas nociones o teorías, surgió del mismo suelo submarino cuando ya existía fuera de las aguas aquella cordillera precitada, y acaso formó desde luego una pequeña isla. Ese gran cráter, casi siempre en actividad, vomitó sucesivamente no sólo las grandes masas y carnadas de lava que hoy le forman, sino también las que forman sus faldas, hasta larga distancia. Sin embargo, opinan también los mismos autores, que entre ese foco eruptivo y la cordillera de Anaga hubo en lo antiguo otros volcanes secundarios, que llenaron el espacio intermedio; (1) siendo innecesario advertir aquí que Anaga en aquellas remotas épocas no fue una cordillera y una consiguiente serie o sucesión de valles, sino un terreno mucho más unido o menos accidentado.
Cordillera de Anaga

Es evidente que la formación de los valles de Anaga es debida casi totalmente a la erosión, como lo es en general la de casi todos los valles del mundo; y de ahí puede inferirse que número de siglos ha debido transcurrir para la formación de los actuales valles y profundos barrancos de esa parte de la isla. Aun en el centro y parte Sur de la misma—hacia sus riberas—existen valles y barrancos profundos, que asimismo acusan gran antigüedad; pero todos éstos parecen ser o son realmente posteriores a los del Norte.

Contrayéndonos a Anaga, se observa en esa parte de la isla, y a diferentes alturas, que hay camadas con despojos testáceos o sea de moluscos, terrestres y marítimos. Cerca del fuerte de Paso-Alto, atraviesa la actual carretera que desde la Capital conduce a San Andrés, un suelo de aluvión con restos de moluscos terrestres. Más allá, y ya cerca de San Andrés, hay camadas de lava que envuelven conchas marítimas, camadas que sin duda corrieron, en época remotísima, sobre fondos de mar poco profundos. En muchas o varias otras localidades de esta parte nordeste de la isla, han sido reconocidas camadas análogas, las cuales no hemos visto a causa de no haber explorado esas comarcas. Pero esa clase de formaciones de que hablamos, se ven en muchas otras localidades de estas islas y de fuera de ella, y las hemos visto en varias comarcas de Europa y del vecino continente de África.

Las rocas graníticas y granitóides de Anaga han dado lugar a discusiones acerca de su antigüedad; unos geólogos las creen o sospechan que son del suelo terciario, mientras que otros no las dan mayor antigüedad que la de algunos suelos cuaternarios antiguos. De cualquier modo, esa cuestión es ajena a la existencia de Anaga como isla; por que muchas islas ha habido y hay en las que solamente se han visto terrenos cuaternarios, y en realidad, la antigüedad de los primeros suelos de ese orden se confunde con la de los últimos terciarios. Bien cerca de la ciudad capital del Archipiélago, en el cauce del valle o barranco de Taodio, se ven aún multitud de bloques y cantos rodados que ofrecen alguna variedad en su estructura granitóides.
Barranco de Taodio

El suelo esquistoso es el que no aparece en Anaga, o no hemos podido descubrirle. Las formaciones anaguesas son en su totalidad volcánicas salvo tal o cual lecho de aluvión y acaso también alguno propiamente sedimentario; esto sucede no sólo en Anaga sino generalmente en toda la isla.

Concluimos estos breves apuntes manifestando nuestro deseo de que otras personas que han visto y examinado con detención la comarca aludida, amplíen estas noticias, y den a conocer con más profundidad y detalles la estructura geológica y curiosidades o notables particularidades que encierra el citado país. Realmente lamentamos que nuestro tan ilustrado como modesto amigo el señor D. Miguel Maffiotte y Larroche, persona que con gran afición y aptitudes ha abordado los estudios geológicos, no siga dando a conocer al público algunas de sus interesantes observaciones, cual lo ha hecho otras veces. En esto como en todo deseamos que se haga luz, y nada nos importa que lo mismo que escribimos sea refutado, en todo o en parte, por todo aquel que tenga razones o fundamentos para ello. Que se haga luz, y nos damos por satisfechos; porque precisamente es siempre eso y no la falsa ciencia lo que perseguimos y lo que deseamos para nosotros mismos y para todo el público.



                                                                                                                                                                                                                                                           RGARCÍA-RAMOS

martes, 4 de noviembre de 2014

NOTICIAS PARA LA HISTORIA DE CANARIAS.
CONQUISTADORES Y CONQUISTADOS. (Notas sueltas)


 (Artículo publicado en el Boletín de la Real Sociedad Económica de Amigos del País el 21 de mayo de 1899)
                              Documentación obtenida de Jable.Archivo de prensa digital de la ULPGC

(Conclusión)

 Sin más objeto estas notas sino el de procurar no queden enteramente relegadas al olvido algunas noticias del enlace de los indígenas con los europeos, vamos hoy a hablar del famoso Bentaguaya, que nuestros historiadores dicen estuvo a punto de destruir el campamento español en las márgenes del Guiniguad o Guiniguada, de la vecina isla de Gran Canaria.

Sabido es que después de la conquista, este prócer isleño tradujo al castellano su nombre o apellido, y se llamó Antonio de la Sierra, y su esposa se llamó D.ª María González Maninidra. Pasó a la conquista de Palma y Tenerife, donde se le hicieron varias datas, o sea repartos de tierra. Sus hijos fueron 1—Pedro de la Sierra, que casó con Francisca de Betancour, Canaria, con sucesión; 2—Diego de la Sierra, marido que fue de Clara Castellano, también con sucesión;3—Juana González mujer legítima de Antonio Alonso, que dejaron asimismo descendencia; 4—Antonia González de la Sierra, esposa de Pedro Hernández Guanarteme, cuya sucesión se indicará luego; 5—Inés González de la Sierra, que también fue casada y no dejó hijos (así dice el manuscrito original); 6—Francisca, que falleció soltera; 7 y 8—Dos varones que pasaron a las Indias con el segundo Adelantado. De casi todos estos hermanos, así como de sus hijos y nietos, hay una multitud de documentos públicos.
«De los dichos Pedro y Francisca Betancour (o Rodríguez Betancour) nacieron: 1, 2 y 3—Gaspar, Melchor y Gregorio; 4—Antonio, marido de Lucía Pérez, cuyo hijo Bartolomé fue casado con María de Torres, hija legitima del capitán Diego de Torres, canario, y de Antonia de Linares; 5—Diego de la Sierra, marido de Sebastiana de Mena; 6—Fray Antonio de la Sierra Betancour; 7—-María de Betancour, mujer de Francisco González; y 8—Ana de la Sierra, que casó con Baltazar Correa.
«De Pedro Hernández Guanarteme y la Antonia González fueron hijos: 1— …vecino de la Palma; 2—Francisca Hernández, madre de Leonor de Torres, y abuela del Licenciado... de Torres; 3--Inés de la Sierra, que casó con el noble vizcaíno Domingo de Emparán y Justis.»
 El citado manuscrito, que es autógrafo de nuestro célebre cronista Nuñez de la Peña, termina con una noticia de la familia Emparán, noticia que quisiéramos omitir aquí a fin de no alargar más estos renglones; pero accediendo al deseo de una persona de nuestro aprecio, y considerando que en realidad es curiosa y está próxima a desaparecer en el olvido, la vamos a reproducir. Dice así: (1)
«La familia de Emparán es muy conocida en Fuenterrabía y su jurisdicción, casa antigua de término redondo; su escudo es partido en fax, campo azul y en él un castillo de oro, punta de ajedrez o jaqueles de colorado y de plata. La casa de Justis es también en jurisdicción de Fuenterrabía; su escudo de armas es en cruz, de cuatro cuarteles. De estas dos casas procedía Domingo de Emparán y Justis, el cual por los años de 1560 pasó desde Fuenterrabía a esta isla de Tenerife, juntamente con Martín de Emparán, su hermano, y se casó aquí con Inés de la Sierra Guanarteme. Su hija D." María de Emparán casó con… de Anchieta.
«Estando el dicho Domingo de Emparán en el Puerto de Garachico, dio poder en San Pedro de Daute, lunes 29 de Abril de 1577, ante Álvaro de Quiñones, para litigar y ejecutoriar su hidalguía; y con dicho poder, en 22 de Junio del mismo año, compareció en Fuenterrabía el procurador Juan de Ubilla y presentó la petición siguiente:
«Se mandó dar traslado a Gabriel Durango, Procurador Síndico de la Junta de la provincia, y se le notificó el auto en dicho día, y luego el 25 inmediato presentó el citado Ubilla otra petición en la que haciendo caución de rato indicato solvendo, pide igualmente por Martín de Emparán, aunque no tiene poder suyo, atento a que es hermano del dicho Domingo de Emparán y Justis. Pide en otro sí que se le dé un tanto de los privilegios de Vizcaya ».
 «Y luego en 8 de Julio de dicho año respondió Gabriel Durango lo siguiente (folio 53); se le dio traslado a Juan de Ubilla, y a 9 del mismo mes su merced el Sr. Juan Suares... Alcalde dio la sentencia siguiente (dicho folio); y se notificó a la una y la otra parte, y el siguiente día hizo Ubilla el nombramiento de los testigos que había de presentar, estando presente el Procurador Síndico, que dijo los recibía y aceptaba; y en 17 del dicho mes, ante el magnánimo Sr. Juan Suárez, por presencia de Sebastián de Casavante…(aquí siguen palabras que no se entienden, y otras que faltan con el papel) y pondré uno de los primeros testigos y en 7 de Agosto del mismo año fue dada y pronunciada la dicha sentencia. Los testigos presentados fueron: Pedro de Urdanibia, dueño y señor de la casa de Aristi, de 80 años; Martín de Zavaleta, dueño y señor de la casa de Zavaleta, de 70 años; Pedro de Gainsu, vecino de Inibrasu, de 76 años; Juan de Tompes, señor de esta casa, de 72 años; Juan de Alcuvide, dueño y señor de la casa de Rosei, de 65 años; Francisco de Chavarria (o Chucarria), dueño y señor de la casa Mugarrieta, de 75 años; Martín de Aranas, dueño y señor de la casa de Bentaran, de 66 años; Miguel de Zigarroa, dueño de la casa de Ipisticu, de 68 años; Sebastián de Iraeza o Irarza, vecino de....Tuebia, de 70 años; y Jacobo de Agarroa, señor de la casa Zigarroa, de 62 años. Dióse la sentencia, como dicho está, en 7 de Agosto de 1577 (folio 74) ».

Ya tenemos manifestado, en otro trabajo anterior, que no nos ocupamos de las sucesiones de los menceyes y otros naturales o indígenas de la isla de Tenerife, y de sus enlaces con los conquistadores y con las sucesiones o descendencias de éstos, por que es asunto del cual ya se ha ocupado con extensión nuestro amigo D. Leandro Serra y Moratín, y por que es de esperar que siga tratándole si adquiere nuevos datos o noticias, que le merezcan entero crédito y sirvan para ampliar o por lo menos corroborar lo mismo que ya tiene consignado.

No debemos concluir sin manifestar también nuestro deseo (que lo es asimismo de muchas otras personas) de que tanto el señor Serra y Moratín como algunos otros, además de lo que ya tienen publicado respecto a las antigüedades canarias, den a la luz cualesquiera otras noticias curiosas que tengan o puedan procurarse en este asunto. No sólo en Tenerife, sino también en las otras islas, hay sin duda varias personas que poseen datos curiosos e interesantes, que al menos en forma de notas sueltas debieran ser conocidos del público.

Ya les ha dado el ejemplo el señor D. Cipriano de Arribas (del Realejo alto), que ha dado a la luz muy curiosas noticias, las cuales es muy probable que se hubieran perdido o desaparecido, sin la laudable atención de dicho Sr. Los manuscritos viejos, en general, están ya bastante deteriorados, y dentro de algún tiempo desaparecerán del todo, quedando sus noticias sepultadas en el olvido, si algunas personas ilustradas y curiosas no se toman el ligero cuidado y trabajo de reproducirles. Hoy que tantas cosas se dan a la prensa, muchas de ellas completamente insignificantes, ridículas y hasta inmorales, bien pueden salir a la luz aquellos trabajos, siquiera sean de puro entretenimiento, de sana y honesta distracción de nuestros mayores, cuando no sean positivamente datos que sirvan para aclarar diversos puntos o pasajes obscuros de la cronología y de la Historia.

Ya nuestro preclaro historiador Viera, se quejaba de la incuria de muchos, cuando dice en el prólogo del tomo primero de sus Noticias:
  «Las islas son deudoras a los inmensos trabajos de Núñez de la Peña, de diferentes noticias, que acaso estarían ya olvidadas; y sus copiosos manuscritos derramados en ellas son testigos muy respetables de que no vivió inútilmente. Aun debo decir más. El inexacto D. Juan Núñez, que sobrevivió algunos años a la impresión de su citado libro, conoció sus propios errores, y dejó de su puño varios apuntes en que los confesaba y enmendaba. Es verdad que aquellos errores corren todavía libremente por el mundo, mientras las retractaciones y correcciones están ocultas en los desvanes de cierta pequeña biblioteca; pero tal suele ser el destino de la verdad.»
 Es cierto. El error, la mentira y hasta la calumnia más inicua y más intencional, suelen correr por el mundo mucho más que la verdad. El mismo Viera, a pesar de su saber, rectitud y sano criterio, incurrió con la mayor buena fe en el error de muchos, que consiste en creer el aniquilamiento de la raza guanche; salvo que aquí el ilustrado historiador no se refiriese sino al aniquilamiento o extinción como nación independiente. Viera escribió su obra fuera del país, no pudo conocer infinidad de archivos y noticias escritas, diseminados en las islas; ni siquiera tuvo noticias de las datas de los menceyes, excepto las que se hizo al de Adeje (2); de ahí sus errores disculpables, en verdad, pero que han tenido fatal trascendencia entre sus numerosos lectores, que menos impuestos que él en nuestras antigüedades, han repetido y aun exagerado lo dicho por aquel historiador.

A pesar de esas faltas o lunares, la obra de Viera ha sido y será por largo tiempo, según parece, la mejor que sobre el asunto haya visto y vea la luz en esta isla de Tenerife, y una de las mejores de toda la Provincia.

Viera y Clavijo se adelantó a su época; si hoy o en nuestros días hubiera escrito su obra, seguramente no hubiera incurrido en aquellas faltas disculpables, debidas principalmente a sus múltiples atenciones y a la circunstancia de estar largo tiempo fuera de nuestras islas, y componer allá sus Noticias, privado de una multitud de datos que seguramente hubiera conseguido y consultado aquí, y hasta le hubieran sido ofrecidos y presentados espontáneamente por diferentes personas.

                                                                                                                                       R. GARCÍA-RAMOS

(1) Omitimos la relación que allí se hace de los blasones de Guanarteme, Maninidra, Hierra y Doramas por hallarse tan deteriorada esa parte del mismo manuscrito, que algunos trozos faltan o no se entienden.
No fueron esas solas familias nobles o hidalgas canarias las que tuvieron escudos de armas, según era costumbre en aquella época; otras también les tuvieron en estas islas, en particular las de los menceyes de Tenerife. Lo mismo pasó en América con los soberanos y magnates naturales del país.

(2) Es evidente, y tal era también la opinión de Mr. Berthelot Antiquités canariences,—que Viera incurrió en ese error a causa que Núñez de la Peña, en la lista que publicó de las personas que tuvieron reparto de tierra en Tenerife, sólo de D. Diego de Adeje dice que fue mencey o rey. Es verosímil que tampoco el general Lugo, al hacer el repartimiento, se cuidara de significar que fueron menceyes otras personas agraciadas con esas datas, como tampoco se cuidó siempre en expresar que fueron guanches o indígenas. En algunas dijo ser natural o guanche el interesado, y no lo repitió así Peña al formar su lista. Resulta de todo ello que, como ya los naturales tenían nombres y apellidos europeos, por tales europeos les tomaron Viera y otros muchos.



lunes, 3 de noviembre de 2014

SECCIÓN CIENTÍFICA.GEOLOGÍA. LOS LECHOS FOSILÍFEROS


(Artículo publicado en el Boletín de la Real Sociedad de Amigos del País de Tenerife, 23 de abril de 1899)


Entre los muchos detalles y problemas curiosos que el estudio dé la geología nos ofrece, tiene particular interés el concerniente a los lechos o camadas fosilíferas que se observan en las altas montañas de nuestro Globo. También en las entrañas de la tierra hay esas camadas a diversas alturas, y aun bajo el nivel del mar pero las más curiosas, por regla general, son las que aparecen en los montes más elevados. En los Alpes, en los Pirineos, en los montes Claros o cordillera del Atlas, en los Andes y otras montañas, se ven esos depósitos de vegetales y despojos de moluscos. Seguramente ese fenómeno sobre todo respecto a los despojos testáceos proviene de una de estas dos causas: la elevación del suelo, y la disminución del mar; acaso alguna vez intervinieran ambas causas.

Hay sin embargo otra explicación del mismo fenómeno, explicación que muy pocos geólogos admiten salvo en casos raros y como excepcionales. Esta explicación consiste en suponer antiguamente, en muy remotos tiempos -anteriores con mucho al período histórico- una conformación a la periferia del Globo muy distinta de la que hoy tiene. Supónese que entonces no existía la distribución actual de Continentes y Mares, sino que la tierra se elevaba fuera de las aguas en los mismos parajes que hoy ocupan aquellas, es decir en parte más o menos grande de los mismos sitios actuales de los mares.

En esta hipótesis, el Mediterráneo no existió antiguamente, o existió en otra forma y otra proporción. El Atlántico no existía entre el viejo y el Nuevo Mundo, sino en partes mucho menores que las que hoy ocupa. La tierra se extendía por sobre las aguas mucho más que en nuestra época, o en la época histórica; y la erosión de consumo con algunas depresiones o hundimientos del suelo, la han venido llevando al mar, obligando así a éste a subir.

Tal hipótesis estamos lejos de afirmarla ni negarla; pero a la verdad que esos bancos de conchas en lo alto de los Pirineos, del Atlas, y hasta de la isla de Madera-donde hay autores que afirman se ven a más de 400 metros sobre la superficie del mar- indican una continuación del suelo por mucha parte del espacio, hoy vacío en parte, y en parte ocupado por las aguas, que media entre esos continentes y esa isla; y en tal caso se extendería también no poco hacia Occidente.

En esos tiempos remotos ¿quién sabe los diluvios que ocurrirían, y de consiguiente hasta donde llegaría el trabajo de erosión de las aguas? Una erosión activa, prolongada durante muchos milenios, puede destruir hasta un Continente.

Además, la temperatura atmosférica y la del Globo fueron, según parece, mucho más altas en aquella antigüedad, y en este supuesto la evaporación de los mares y de las aguas en general, sería grande y explicaría el poco crecimiento del mar a pesar de los diluvios. El agua evaporada volvería a caer tan pronto se liquidara en la atmósfera, resultando unas lluvias casi permanentes, con frecuencia torrenciales, que ocasionarían con su corriente en torrentes y oleadas, aquella misma erosión activa que explica la desaparición de vastas extensiones del suelo. Y caso de que no existiera esa elevación de temperatura, no por ello puede afirmarse que no hubiera períodos de tiempo, relativamente grandes, en que las aguas se desplomasen sobre la tierra a modo de cataratas; en este caso se explica el crecimiento del mar y su invasión sobre los terrenos más bajos o menos elevados. En este caso también, pudieran los primitivos escarpes de los Alpes, los Pirineos, el Atlas etc., ser efecto del embate del oleaje, como los escarpes o cantiles de las riberas actúales; escarpes que vinieron disminuyendo a medida que disminuían los diluvios o lluvias torrenciales y de consiguiente el volumen o masa de las aguas y mares.

Todo esto es una serie de hipótesis, como lo son muchísimas tesis y aun teorías geológicas; acaso sea tan solo una paradoja la suposición de un antiquísimo suelo, ya destruido, del cual fueron los restos o reliquias esas mismas cordilleras en cuyo seno se encierran vastas carnadas de conchas marinas, casi horizontales. A veces esas conchas son fluviátiles o de agua dulce; pero según la opinión más general, las dichas camadas o lechos más altos que se conocen, son de restos de moluscos análogos a los que hoy se producen en las aguas saladas. Por lo menos, ofrecen más analogía con éstos que con los producidos en los ríos, lagunas y lagos de agua dulce. Pero suponiendo que fueran restos de moluscos terrestres o de agua dulce, es indudable que aun así habría que suponer una prolongación grande del terreno, a la misma altura de aquellos montes y camadas.

La subida a crecimiento del mar explicaría la desaparición de las regiones atlánticas, que quiera suponerse existiera; pero no explica de ningún modo el gran vacío que hoy aparece entre las cordilleras ante citadas, que ofrecen en sus partes altas camadas fosilíferas casi horizontales.

Esto acusa más bien hundimientos del suelo, fenómenos que por otra parte han sido observados en diversos parajes y hasta en nuestros mismos días, mientras que el aumento de las aguas marinas está muy lejos de ser cosa probada o evidenciada. Además, hay que tener en cuenta que después de un hundimiento o depresión del terreno, acaecido en paraje contiguo al mar, éste comienza y sigue batiendo constantemente toda aquella parte del suelo con la que se halla en contacto, y este trabajo, a la larga, destruye mucho terreno y le sepulta bajo las ondas; los arroyos, ríos y torrentes, y hasta simplemente las lluvias— en particular las torrenciales—arrastran asimismo la tierra y la conducen al mar. Así se explica la formación de muchísimos valles y cuencas, y acaso así se explica también la existencia de las aguas y de los terrenos bajos, que se ven entre cordilleras que contienen lechos fosilíferos, cortados y como interrumpidos bruscamente, por las vertientes de aquellos mismos montes.



                                                                                             R. GARCIA-RAMOS

domingo, 2 de noviembre de 2014

ANTIGÜEDADES CANARIAS: ALGO SOBRE GUILLEN CASTELLANO


(Artículo publicado en el boletín de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife en La Laguna a 23  de abril de 1899)
                                      Documentación obtenida de Jable.Archivo de prensa digital de la ULPGC

 (Conclusión)
Juan Prieto y sus tres hermanos llamados Pedro García, (1) Alonso Pérez y Rodrigo Álvarez, todos ellos canarios principales, tienen sus datas en el Libro primero de originales, cuaderno 1º, folio 34; cuaderno 4º, folio 35; cuaderno 8º  folio 11,y cuaderno 14º, folios 25, 27, 37 y 41. —cuatro datas en ese sólo cuaderno.—Además, en el Libro segundo de las originales, las tienen en el cuaderno 41º, folio 3º; en el Libro cuarto original, cuaderno 3º folio 7, y cuaderno 6.°, folio 47. En el Libro primero de datas por testimonio las tienen a los folios 19, 24. 35, 153 y 253.

Otro prócer canario, llamado en su bautismo Alonso Hernández, obtuvo también muchas datas, que pueden verse en el Libro 1º original, cuaderno 3º folio 19 cuaderno 4º, folio 5; y cuaderno 10º folio 149 . En el libro 2º original, cuaderno 13º folio 29: y cuaderno 21º folio 60. Y en el 4º original, cuaderno 6º fólio 55.

 Otras tantas o más considerables datas obtuvieron en Tenerife y no hacemos mención, ni la hemos hecho hasta ahora, de las datas que cada cual tuvo en la Palma -Ibone de Armas, capitán de gente española y canaria, Pedro de Maninidra, también capitán de gente española y canaria Juan y Pedro Mayor, Antón de la Sierra o Bentagaya -otros le dicen Bentaguaire-y muchos otros que seria prolijo enumerar aquí, (2) Las datas que se hicieran a Guillen Castellano, entendemos que ni poco ni mucho prueban ni siquiera indican que fuera un conquistador español de origen y lo que se dice en una información de hidalguía, hecha dos siglos después, a favor de un tal Marcos Sánchez que se decía o llamaba descendiente del Castellano, podrá ser o no ser cierto en su totalidad, es cosa bastante sabida que en semejantes informaciones se cometían errores y exageraciones, y aun se fingían méritos y servicios.

Herrera, Silva, Vera, Lugo y otros se sirvieron grandemente de los indígenas Juan Mayor y Guillen Castellano, por ser famosos intérpretes de la lengua del país, y personas de cuenta entre los mismos naturales de estas islas. Por eso figuraban en casi todas las expediciones a las islas,  como antes figuró Juan Negrín, rey de Armas indígena de la Gomera. Todos ellos fueron hidalgos o nobles de las islas, antes y después de su conquista, y si el uno fue rey de Armas, los otros dos formaron parte de los primeros Cabildos o Ayuntamientos de Tenerife, es decir, fueron del número de los primeros miembros.

Me inclino a creer que Guillen Castellano prestó grandes servicios como intérprete y  como hábil negociador y que por ello más que por los bienes o gente con que contribuyera a la conquista, le hizo las datas el Adelantado, y le concedió su confianza. Es más, pudiera haber sucedido que este distinguido isleño no tuviera vasallos o gente y bienes con que contribuir  a la conquista, siendo su persona sola lo que le dio todo el poder y el valimiento que alcanzó. Acaso después de hacer testamento y enviudar por segunda vez, casara ya anciano con Elvira Sánchez, con el objeto de legitimar al hijo o hijos naturales que con la misma había tenido, caso de que no fuera otro Guillen Castellano el que tuvo los hijos en aquella indígena.

No comprendemos bien que haya personas impuestas en los sucesos de aquella época a quienes extrañe la distinción que alcanzaron varios indígenas ente los mismos conquistadores. Les repetiremos aquí un sólo dato irrecusable. El capitán Ibone de Armas, indígena, fue  uno de los principales jefes que acompañaron al general Lugo  y mandó la primera compañía de los conquistadores de a pié, o sea de la infantería.

Ya hemos dicho también que otros dos indígenas fueron agraciados con Encomiendas, y se les llama Comendadores en varios documentos de aquel tiempo. Además a muchos guanches o canarios principales se les daba tratamiento de Don, como es sabido, y no se daba tal tratamiento a muchos de los principales conquistadores europeos. Hay entre otros muchos casos, los incontestables de don Pedro, hijo del rey de Adeje, y don Enrique, hijo del de Anaga.

Aquí pensaba terminar estos apuntes o notas, que no tienen otro alcance ni objeto sino contribuir al esclarecimiento de la verdad; acaso nuevos trabajos o estudios me muevan a añadir algunas palabras más en otra ocasión.

Entre tanto no quiero privar a las personas curiosas y amantes de nuestras antigüedades, de la lectura de una lacónica información, o copia literal de una parte de la misma, que hizo don Juan Núñez de la Peña y tengo a la vista. Revela no sólo la simplicidad de aquellos antiguos tiempos, en que todas o casi todas las informaciones eran por ese estilo, sino la diferencia que ofrecían y ofrecen respecto a otras posteriores, llenas de exageraciones o hipérboles.

Dice así:
«Diego de Cabrera, hermano del gobernador que fue de Lanzarote Alonso de igual apellido, pasó desde Castilla a la citada isla en busca de su hijo Diego, que lo era asimismo de Catalina Pérez Docampo, y éste Diego segundo se casó en Lanzarote con Francisca de Betancour Melian.

«En las probanzas de su hidalguía que hizo este Diego de Cabrera, vecino entonces de Canaria, por causa de unas deudas que le pedían y reclamaban, con amenaza de prisión, en el año 1508, cuyas diligencias y causa pasaron por ante Diego de San Clemente, Escribano de Canaria, se hizo información por requisitoria en Lanzarote, en el mes de Enero del siguiente año 1509, ante el Escribano Marcos Luzardo, a presencia del señor Alonso Mateo de Sanabria, alcalde mayor de Lanzarote por los señores Sancho de Herrera y Pedro Fernández de Saavedra, señores de esta isla y la de Fuerteventura.
  
«Bernardo Dávila, testigo de edad 68 años, dice a la 4º pregunta: Que en aquel tiempo en que Mosen Maciot, señor de Lanzarote, dio esta isla al Infante D. Enrique de Portugal, mandaron los principales de la misma isla a la de Fuerteventura, a solicitar que viniera Alonso de Cabrera, como hombre hijo dalgo, honrado y bueno, y persona bien informada en las cosas de la guerra y otras; y le pidieron viniese a esta isla a ser capitán e alcalde mayor della por el Rey, sobre Pedro de Aday que era alcalde ordinario puesto por los señores (3); y que tuviese la isla por el Rey, y que en esta reputación de hidalgo le tenían, hasta que Dios se lo llevó de este mundo».

«Catalina de Cabrera, mujer que fue del susodicho Gobernador Alonso de Cabrera, de edad de 71 años, dice: Que Diego de Cabrera vino tras de su hijo Diego, y que a decía su marido que fueron cinco hermanos y una hermana».

 «Diego de Cabrera, también testigo, hijo del dicho Gobernador y de la dicha Catalina de Cabrera, de 50 años de edad, declara: Que viniendo de Alcalá de Henares se detuvo en Guadalupe, por Semana Santa, y que allí vio y conoció a un hermano del mismo Diego su primo hermano, llamado Alonso de Cabrera. Dice también que conoció dos tíos suyos frailes jerónimos».

«Pedro de Rivas, otro testigo, dice que el susodicho Diego de Cabrera, padre de dicho Diego, y hermano del Gobernador, era casado, y que era natural de Arévalo, y que allí tenía su mujer».

«García de Ocaña, testigo, dice que sabe que Diego, hermano del Gobernador Alonso de Cabrera, vino de Castilla en busca de su hijo Diego.

«Presentó los testigos Pedro de Cabrera, hijo del. Gobernador y de Catalina de Cabrera, en nombre de su primo Diego. La sentencia la dio el Bachiller de la Coba, alcalde mayor de Canaria, siendo Gobernador el Sr. Lope de Sosa, declarando por hijos dalgo a Diego de Cabrera y al gobernador Alonso de Cabrera. Se halla esta sentencia en las mismas Probanzas, con fecha 2 de Abril de 1509, ante el citado Escribano Diego de San Clemente.»

No podemos terminar sin hacer una observación. Hemos leído varias veces que Fulano o Mengano fue gobernador perpetuo de tal o cual isla, y hemos visto también escrito que en vida del tal perpetuo hubo otro u otros gobernadores en la misma o en las mismas islas. Esto nos recuerda lo de los regidores llamados perpetuos en Tenerife; léase la obra de Núñez de la Peña, en el capítulo que les dedica, y allí se verá la perpetuidad que había; casi todos renunciaban al poco tiempo sus cargos.

Pues bien, esa misma circunstancia hace formar un juicio muy favorable de aquellos verdaderos caballeros. Era que no se apegaban demasiado a sus cargos, por honrosos o distinguidos que éstos fueran, y aun retribuidos pecuniariamente; no les era absolutamente preciso ese pedestal para parecer grandes, como le necesitan las medianías a fin de engañar a los tontos, a esa muchedumbre incauta, rica y pobre, que al cabo tiene la culpa de todos los males de la patria, por no saber o no querer elegir acertadamente a sus representantes, que a su vez forman el gobierno de la nación; dado que realmente sea esto posible y haya elementos sanos e incorruptibles para que la elección pueda ser acertada.

No estará de más consignar aquí que si como lo parece, está en lo cierto Núñez de la Peña en sus citados árboles, es materialmente imposible que D.ª María la hija de Maciot el 2º de su nombre en Canarias, fuera casada con Guillen Castellano. No solo era, como ya hemos dicho, joven y soltera en 1530—fecha del testamento de su madre—sino que naturalmente vivía entonces, y no podía ser la difunta esposa de aquel.

Y puesto que hacemos ahora esa observación, por decirlo así retrospectiva, añadiremos que según parece D. Fernando Guanarteme no halló otro medio de que no quedasen desheredados los hijos que tuvo con Inés Hernández de Taoro, sino es de vender una parte de sus bienes y entregarles su valor. De lo contrario, todos hubieran pasado a su hija legítima D.ª Margarita, la esposa de Miguel de Trejo Carvajal.


                                                                                                   R. GARCÍA-RAMOS

(1) Este y otro Pedro García que vivió al mismo tiempo o muy poco después, parece fueron Comendadores; así se les llama en documentos de aquel tiempo y ambos parece haber sido indígenas; con seguridad lo fue este de que hablamos arriba. Estos hermanos casaron con señoras cuyos apellidos fueron Rizo, Cabrera, Samartín etc, las cuales pretenden algunas informaciones hacer pasar por españolas, como dicen de la segunda esposa de Guillen Castellano; pero es más verosímil que fueran todas ellas oriundas de estas islas.

(2) También a dicho Antón o Antonio de la Sierra solía llamarse Bentagaire o Bentaguaya; casó con María Gonzalez Maninidra, troncos de una larguísima familia que hasta hoy subsiste con ese apellido de la Sierra, como subsisten las de Oramas, Negrin, Armas, Castellano Dará o de Ara y otras muchas oriundas de estas mismas islas. En lo antiguo se decía Doramas, y después  Se dijo de Oramas; el apellido de Ara ha sido convertido en Lara en muchas aldeas o pueblos de las islas.

(3) Aquí tenemos otro indígena haciendo distinguido papel, como Guillén Castellano; los Aday eran de la nobleza oriunda del país.

sábado, 1 de noviembre de 2014

ANTIGÜEDADES CANARIAS. ALGO MAS SOBRE GUILLEN CASTELLANO



(Artículo publicado en el Boletín de la Real Sociedad de Amigos del País de Tenerife en La Laguna a 16  de abril  de 1899) 
 Documentación obtenida de Jable.Archivo de prensa digital de la ULPGC

(Continuación)
A las personas que miran con algún interés estas noticias referentes a los indígenas, les agradará tal vez que hagamos aquí un corto paréntesis a fin de dar a conocer algunas datas hechas a los menceyes y sus allegados.

Si los guanches de Tenerife y de la Palma hubieran, podido ser conquistadores, como lo fueron los de Canaria y otras islas, hubieran recibido datas cuantiosas como las recibieron éstos; pero tuvieron la desgracia —o la suerte de que Palma y Tenerife fueron las últimas islas ganadas-- por los españoles en este archipiélago, razón por la cual se ha creído por muchas personas que las datas de aquellos fueron mezquinas, y aun más, no ha faltado quien erróneamente creyese que de los menceyes de Tenerife tan sólo el de Adeje recibió data o repartimiento de tierra. Hoy se sabe ya muy bien que todos los soberanos o menceyes de Palma y Tenerife obtuvieron datas, y todos o casi todos capitularon con esa condición.

La familia de los Dautes, en particular; obtuvo muchas datas: mentadas por Núñez de la Peña en su conocida, obra impresa. Todo el que apellidaba entonces Daute era natural o indígena de la isla, y algunos variaron ese apellido diciendo Baute e Ibaufe. A ningún español ni canario se le podía apellidar así; sería no sólo estraño, sino hasta ridículo, que se hubiera dicho en aquella época, por ejemplo, Juan Benitez de Daute—en vez de Lugo- Jorge Grimón de Abona, Diego de Mesa, o Fernando de Castro del Guindaste, Pedro Maninidra de Tegueste o Arico, Antón de la Sierra del Guadamojete, o de Anaga etc.

Todas las datas de los Dautes son de indígenas de la familia del mencey, y los González de Daute que fueron datados -Juan, Francisco, Benito, Gaspar, y Melchor –es casi completamente seguro fueron hijos de dicho mencey; así lo indica su patronímico González, esto es, hijos de  Gonzalo; y así lo dicen varios árboles y otros manuscritos antiguos.

Los menceyes o señores de Tegueste, llamados en su bautismo Antón y Juan de Tegueste, tuvieron datas, y nos consta que la de Juan se puso en el Libro 3º de las originales, cuaderno 23º, folio 6. Junto con esa noticia hallamos la de otra data, hecha a Juan Delgado (apadrinado por el canario de ese nombre y apellido, como Juan de las Casas, hermano del mencey de Abona, lo fue por otro hidalgo canario de igual nombre), primo del mencey de Adeje con fecha 21 de Junio de 1514; esta considerable data fue de tierras en Agüiman, sobre o más arriba del valle de Masca, entre la montaña de Ochingua y La de Chaguizo -dice la data.-El mencey de Adeje tuvo todo el valle de Masca, y sus aguas, que son un gran arroyo, llamado río en papeles antiguos; valle considerable que figura hasta en las cartas geográficas o mapas de isla de Tenerife. Esta data es de fecha 5 de Octubre de 1503 y en ella se le adjudican también cien fanegadas de tierra en Tajo, por debajo del territorio de Erjos. Su hijo o hermano D. Pedro de Adeje tuvo también data por separado, de otras cien fanegadas en Tijoco. El mismo valle que llaman de Masca los mapas de Tenerife debidos respectivamente a Webb y Berthelot, y a Coello y Madoz, es llamado de las aguas en los de Chil y Vidal respectivamente, tal es la importancia de tal río que decían los antiguos.

Nos llevaría muy lejos la relación aquí de las otras datas de los menceyes y de sus parientes o allegados. Todos ellos las tuvieron -hasta dos o tres, cada uno- y a poco más o menos como las citadas; debiendo observarse nuevamente que no se trata en ellas de conquistadores, sino de vencidos o conquistados, a quienes sin embargo se respeta y considera por sus vencedores.


Pero fueron los principales canarios conquistadores los que más considerables datas obtuvieron entre todos los indígenas, varías de ellas- a lo que parece- más cuantiosas que las de Guillen Castellano. Entre las muchísimas que hallamos citadas en los manuscritos viejos, tan sólo mentaremos aquí las siguientes:

Juan Dará tiene datas o sea repartimientos de tierras y aguas, en el Libro primero de Datas origínales, cuaderno 9º fo1io 4; en el Libro segundo cuaderno 14º, folio 59, en el Libro tercero, cuaderno 27º, folio 9, y algunas otras más, ya para el solo, ya en unión de algunos de sus parientes o indígenas. Todos estos magnates de la Gran Canaria pasaron como es sabido, a las conquistas de Palma y Tenerife, con gente canaria, armas y víveres a su costa, y tan sólo después de agotados esos víveres admitieron los que les daban los españoles a más de los que tomaban o podían coger a los guanches de esas dos islas. Parece que Guillén Castellano, aunque oriundo también de las islas, no era tan rico ni tan magnate; y por eso, a nuestro entender, sus datas fueron menos numerosas.
Alonso de Adargoma (que también solía apellidar  de Córdova) tiene tres datas en el Libro primero de las originales, cuadernos 21º, folios 12. 24 y 79; y en el Libro primero de Datas por testimonio tiene otras tres, á los folios 22, 184 y 304; también hay algunas para el mismo en el Libro segundo de estas últimas.

                                                                                                              
                                                                                                                                                    (continuará)
                                                                                                                                     (Del Diario de Tenerife)