martes, 17 de febrero de 2015

PAPELES VIEJOS



(Artículo publicado el 27 de octubre de 1897 en el Diario de Tenerife)
 Documentación obtenida de Jable.Archivo de prensa digital de la ULPGC



Sr. D. Patricio Estévanez y Murphy
Santa Cruz

Mi apreciable amigo: he leído casualmente en su Diario de 8 de los corrientes, un artículo del Sr. Maffiotte, que me sugiere algunas observaciones, que escribo a vuela pluma, por si acaso V. cree que de algo sirven para esclarecer algunas noticias de las consignadas por  dicho señor.

Ante todo, es digno de encomio el cuidado del Sr. Maffiotte, de recoger todo aquello que halla referente a Canarias;  sería de desear que otros muchos hijos de este país que residen en la Península, le imitaran; pero por desgracia muy pocos son los que se cuidan de eso.

En unos autógrafos de Núñez de la Peña he leído que el Sr. Sancho de Herrera, señor de cinco dozavos (del señorío, no de la propiedad) de las islas de Lanzarote y Fuerteventura, viendo que habían fallecido sus hijos legítimos de sus dos matrimonios con Dª Catalina Escobar y con Dª Violante de Cervantes y Sosa, se resolvió a reconocer y dejar por su universal heredera a una hija que había tenido en Catalina de Fia, hija de Guillen de Fia que lo era del último reyezuelo indígena de Lanzarote, que se llamó Luis de Guad al Fia.  

Viera, en el tomo 4º de su conocida obra, edición de Madrid (que es la que he visto) rectifica el error que había cometido haciendo a la hija del D. Sancho, hija también de Dª Catalina Escobar. Dicha rectificación se hace hablando del Convento de Lanzarote, si no recuerdo mal, o del de Fuerteventura, a propósito de unos epitafios sepulcrales. Difiere de Núñez de la Peña en que dice Catalina Dafra, y Peña dice de Fia.
La dicha hija; llamada Dª Constanza Sarmiento, casó con su primo hermano Pedro Fernández de Saavedra, troncos de la casa marquesal de Lanzarote; y como D. Agustín de Herrera (primer marqués de Lanzarote) se hizo con once dozavos del señorío de ambas islas, es evidente que, como decía Argote de Molina, dicho marqués y sus sucesores fueron los verdaderos señores de Fuerteventura, y no los Saavedras, que sólo poseían un dozavo de dicho señorío.

Quizás tuviera también razón Argote al decir que su esposa fue la verdadera sucesora del D. Agustín de Herrera; porque una vez fundado el mayorazgo a favor de dicha señora ¿podía anularse ese documento público porque le naciera al marqués un hijo de legítimo matrimonio?
Dicen varios papeles viejos que Argote no mintió en nada de lo que dijo respecto a la casa llamada de Fuerteventura; y que si le ganó el pleito don Fernando de Saavedra fue a costa de dejar por sus herederos  a los duques de Lerma.
 
Sólo me resta ampliar otra noticia consignada en el artículo del ilustrado Sr. Maffiotte. El capitán de caballería Diego de Mesa fue casado en San Lucar de Barrameda; pero le sucedió lo mismo que al Señor Sandio de Herrera, esto es, que viéndose en su ancianidad sin sucesión legítima, obtuvo lo que entonces llamaban privilegio real de lejitimación, á favor de dos hijos que había tenido. Nuestro cronista Núñez de la Peña consignó eso, y menciona el protocolo donde se halla archivado dicho privilegio, en la Orotava. También dice que de estos hijos legitimados vienen todos los Mesas de dicha línea. 

Si estas noticias lo sirven de algo, quedará satisfecho su amigo y S.S. q. s. m. b.

R. GARCÍA RAMOS
Tacoronte, 25 de Octubre de 1897

miércoles, 7 de enero de 2015

CUERPOS COLEGISLADORES




(Artículo publicado en Diario de Tenerife,  el 8 de octubre de 1903)

 Han existido en casi todas las naciones regidas constitucionalmente.  La república francesa del siglo XVIII ensayó primeramente una Asamblea única—llamada Convención Nacional, —análoga al antiguo Senado romano y al de Cartago, cuyos Bufetes semejaban a los Cónsules de su rival. También las repúblicas griegas tuvieron Asambleas únicas. Pero la italiana instituyó luego el Tribunado; y modernamente la citada república francesa creó dos Cámaras, llamadas Consejos el uno de los Ancianos, y el otro de los Quinientos. Hubo antes un Tribunado francés, que subsistió muy poco tiempo.
 En Inglaterra existen desde ha muchos años las dos Cámaras, como en España y otras naciones;  y han quedado, por decirlo así, suprimidas las Cámaras únicas. Sin embargo, hay que convenir en que durante siglos las Cámaras únicas subsistieron en Roma y en Cartago, y que a aquellas debieron su grandeza una y otra nación. 

 En realidad, la decadencia romana no procedió de aquella división de poderes, sino de la decadencia moral e intelectual de toda la nación. Esta  pudo con sus dos cuerpos colegisladores subsistir largo tiempo, como subsisten las naciones modernas. Con una o con dos Cámaras,  puede una nación marchar regularmente,  y aún prósperamente, como lo demuestra la Historia, siempre que la cordura y sensatez dominen en ella; y por el contrario se acaba la verdadera libertad y se implanta el cesarismo, cuando aquella sensatez desaparece.

 Ha sido siempre un error grave el de confiar en las formas más que en el fondo de las cosas. No es con innovaciones -de formula- como se regenera un pueblo. Las formas tienen indudablemente su importancia relativa; pero rara vez o nunca alcanzan a mejorar el estado social, si la sociedad misma no se presta a ello, si carece del buen sentido moral indispensable para observar y cumplir las leyes. Estas casi siempre son buenas; pero faltando la cordura y el respeto, no se cumplen o se cumplen imperfectamente. De nada vale entonces establecer innovaciones en aquellas; variarán más o menos y no por ello serán mejor observadas.

Por esas consideraciones se evidencia la razón de haber, en diferentes tiempos, marchado en progreso algunas naciones, sin que existiera en cada una de ellas más de una cámara. Y no por eso dejan de marchar bien otras, cada una de las cuales posee dos cuerpos colegisladores.
Aunque no hay necesidad de insistir acerca de ello, sin embargo, concluiremos estos breves apuntes con algunas reflexiones sobre el mismo asunto que nos ocupa. 

Cuando en 1793 se proclamó en Francia la República, y se procedió a redactar una  constitución, las opiniones se dividieron entre los dos sistemas, esto es, entre la institución de una o dos Cámaras. Muchos miembros de la famosa Convención Nacional querían una Cámara única, como la tuvieron en lo antiguo Roma, Génova, Venecia y algunas otras naciones (l); pero en el proyecto de Constitución prevaleció el criterio de las dos Cámaras, con igual derecho de veto la una sobre la otra. Esto se parecía mucho al Senado y el Tribunal romanos. Se buscaba, sin duda, el contrapeso que buscaban los antiguos italianos; se procuraba evitar la absorción del gobierno, digámoslo así, por un solo organismo central, que en Italia supeditaba toda la nación a su metrópoli, como en Franca iba a supeditar más tarde, la nación entera al gobierno central de la Commune. Pero algunas veces el remedio suele ser peor que el mal.  La Italia antigua marchó prósperamente con una sola Cámara —el Senado,—mientras—hube en la nación la suficiente condena  y buen sentido. Cuando perdieron los romanos o italianos sus virtudes republicanas, el contrapeso de las dos Cámaras no pudo salvarles, y hasta apresuró su caída. La rivalidad entre ambos cuerpos colegisladores llegó hasta el odio recíproco, y bastaba que uno de aquellos propusiera una ley, para que el otro la atacara.

Cada cuerpo de aquellos quería ser arbitro supremo, y dentro del mismo Cuerpo, había muchos individuos, cada uno de los cuales quería a su vez disponer de todo soberanamente. En tales sociedades,  que podemos llamar de hombres niños aún, o sea de hombres que en ideas no han salido de la infancia, el cesarismo, absolutismo, dictadura o como quiera  llamársele, viene por sus pasos y apresuradamente. La sociedad retrograda hasta llegar a su punto de partida.

                                                                                                                                 SOMAR



(*) Además de esas antiguas repúblicas italianas, también tuvo Inglaterra su Cámara  única, a Parlamento,  a la caída de Carlos

(1)  Es de notar que en movimiento liberal en los Británicos precedió muchos años al de Francia, como es bien sabido aunque; muchísimas personas lo ignoren o aparenten ignorarlo.

lunes, 29 de diciembre de 2014

LA DICTADURA




(Artículo publicado en Artes y Letras, el 16 de marzo de 1903)
                                   Documentación obtenida de Jable.Archivo de prensa digital de la ULPGC

Es esa una voz latina que, como tantas otras del mismo idioma, ha sido admitida casi universalmente. Pero ofrece dos sentidos, entre sí bastante diversos, si bien ambos relativos a  una misma magistratura y mando supremo. 

Según uno de dichos sentidos, la palabra es casi odiosa; según el otro, no lo es;  vamos a explicar uno y otro, empezando por el primero citado, y refiriéndonos tan solo a las dictaduras que surgen de las repúblicas, que dicho sea de paso, lo son casi todas. Cuando una sociedad o un pueblo republicano se degrada naturalmente, como puede degradarse uno monárquico, y como se degrada una familia, por ilustra que haya sido, sin culpa de las instituciones, sino por mero embrutecimiento natural de sus individuos, — y así sucede las más de las veces,—el sufragio se vende y se compra como cualquier artículo de  comercio, y hasta suele falsearse por la fuerza. Al cabo la fuerza decide o substituye la elección, y cada gran cacique —adoptemos ese calificativo— se forma un ejército de  partidarios, y los caciques con sus ejércitos luchan entre sí para dominar.

La nación llega a verse tan perturbada, tan molesta por la guerra civil, y tan perjudicada en todos sus intereses, que acaba por secundar a un cacique solo, para decidir la cuestión y que la  guerra concluya. De ahí surge el dictador perpetuo, o poco menos, como surgió Julio César, y han surgido otros muchos.

Esa es la dictadura odiosa, relativamente;  y decimos así, porque bien que la detesten muchos, no deja de reconocerse que sin ella la nación estaría peor. Una nación degradada necesita un Jefe único, si no quiere ser desmenuzada. Los pueblos bárbaros, todos, tienen su respectivo Jefe único.

Pasemos ahora a hablar de la dictadura racional y salvadora, sin negar por ello, como va dicho, que hasta cierto punto o en cierto modo es también, racional y salvadora la anteriormente bosquejada.
Es muy antigua la institución de ella en la gran república latina, fuente donde han ido a beber todas o casi todas las posteriores naciones europeas y americanas. Pero antes, recordemos una idea consoladora; hemos hablado de sociedades degeneradas, de pueblos que se degradan o envilecen naturalmente, sin otra causa que la misma por la que se degradan muchísimas familias, sin que ni el ejemplo de sus mayores, ni la más esmerada educación, sean capaces de detenerlas en aquella fatal pendiente.

Pues bien, la misma Naturaleza, que ocasiona esa degradación o degeneración, en el hombre como generalmente en los animales y plantas, suele proceder de distinto y contrario modo. En muchos pueblos se ve y ha visto que del estado salvaje pasan, rápida o lentamente, al de la cultura.

Los mismos romanos empezaron por ser un pueblo de bandidos y gente allegadiza, que abrió un asilo en su ciudad a todos los malhechores; por lo cual cuando pidieron mujeres a los sabinos, éstos contestaron: Que abrieran un asilo también para las mujeres perdidas, y así lograrían enlaces que nada tendrían que echarse en  cara.

Un gran número de esos primitivos romanos era nacido fuera de matrimonio, como es sabido; se les llamaba espúreos, hasta como nombre propio o primero, y solían tener apellidos ilustres o distinguidos, por haber nacido de familias principales. El poético nombre de Espurina le llevó infinidad de hembras de las primeras casas de Roma. Pero volvamos al asunto de estos breves renglones. La dictadura latina o romana fue durante siglos una institución salvadora. Cuando la República se veía en un peligro extremo, nombraba un dictador que asumiendo toda la autoridad, la sostenía con mano firme y la salvaba. Claro es que tal elección y nombramiento recaía generalmente en la persona más digna, y tan era así, que casi siempre los dictadores renunciaban espontáneamente el cargo, tan pronto como su misión estaba terminada y quedaba la República libre del peligro. El mismo Cornelio Syla,  a pesar de la crueldad que se le atribuye y que seguramente fue más propia de su época que de su persona, dimitió la dictadura de libre voluntad sin la menor presión, y se retiró a la vida privada.

Pero Julio César entendía las cosas de otro modo; y para hacérsela soltar fueron precisas las veinte y tantas puñaladas que le propinaron en pleno Senado, al pié de la estatua del gran Pompeyo, cuyos hijos sostuvieron en España la causa del Senado, defendida por su padre, y que acabó de perderse en la batalla de Munda.

                                                                                                     R. GARCÍA RAMOS






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miércoles, 24 de diciembre de 2014

FARSALIA




Artículo Publicado en Artes y Letras, el 31 de enero de 1903)
                                     Documentación obtenida de Jable.Archivo de prensa digital de la ULPGC

Suena esa palabra a mis oídos como un nombre funesto. Esa risueña villa y campo de la antigua Tesalia, aparecen a mis ojos como envueltos en un velo fatídico. Por que allí sucumbió la antigua libertad romana. En vano Bruto y Casio trataron de resucitarla más tarde; en vano lucharon y sucumbieron en los campos de Filipos; la libertad estaba ya muerta. Y ¡cosa extraña! la mató el Pueblo, el vulgo, y no la aristocracia, que era en su mayor parte anti-cesarista.

Decía Montesquieu: Point de monarchie, point de noblesse; point de noblesse, point de monarchie. Pero esa pretendida regla tiene muchas excepciones. La aristocracia romana era y fue, siempre, en su mayor parte, eminentemente republicana. ¿Y qué era esa aristocracia? Pues era sencillamente la elección de aquella poderosa sociedad de aquella nación pujante, que eclipsó a todas las otras y casi avasalló al mundo. Era lo selecto de ella. Todo hombre distinguido, fuera alta o baja su cuna, podía en Roma obtener los primeros cargos de la República.

La mitad o más de los miembros que constituían el famoso Senado Romano (1), era de origen plebeyo, o más propiamente hablando, había salido del pueblo o estado llano, como han salido todas las aristocracias del mundo.

Pero se elevó un poder rival del Senado, el Tribunado, fue en los primeros tiempos  solamente un poder moderador, un veto, que reclamaba y exigía la apelación al sufragio, la sanción expresa por voto popular.

A ese nuevo poder apeló Cesar para luchar contra el Senado, ofreciéndose como el más celoso defensor de sus prerrogativas o privilegios; y el Tribunado, en odio al Senado, ofreció a aquél ambicioso todo su apoyo, puso a su servicio las masas en cuanto pudo su influencia en éstas, y Cesar triunfó, aparentando defender la libertad, y en realidad hundiéndola en el corazón su puñal.

Pero hagamos también justicia a César. Los tiranos no vienen sino cuando los pueblos quieren ser esclavos esa frase es conocida universalmente, lo mismo que la exclamación ¡On homines  ad servitudinem paratos!  Cuando la mayoría de una nación quiere un jefe único se expone a crear un tirano; y seguramente no fue César el peor tirano de Roma.

Fue el primero, después de los Tarquinos; pero lo fue, casi, por el voto popular. La aristocracia, aunque lo intentó, apoyada por la parte más sensata del pueblo o sea del público, no pudo vencerlo.

Verdad es, por otra parte, que la nación Romana estaba a la sazón hastiada de contiendas intestinas, de luchas entre ambiciosos, como Syla y Mario, que socolor del bien público, lo que principalmente querían era dominar. Después de muertos o fallecidos esos dos célebres generales, entre los cuales es difícil decidir cual fue más déspota (2), se levantaron otros mil, a disputarse la gestión o dirección suprema de los negocios, visto que el público les prestaba su apoyo y concurso ¡On homines  ad servitudinem paratos!, como decían los mismos romanos de aquel tiempo.

Un pueblo degradado no puede hacer otra cosa que créanse tiranos; y cuando ve que éstos luchan entre si, disputándose la supremacía; cuando toda la nación anda revuelta y trastornada por guerras civiles, llega a ser tal el malestar del pueblo, que pide un Jefe único, para que, al menos, haya tranquilidad y se pueda vivir menos mal, aunque sea bajo el cetro de un déspota.

                                                                                   
                                                                                         ROSENDO GARCÍA-RAMOS


 (1) Las águilas romanas volaban de victoria en victoria,con su conocido lema: Senatus populusque romanus, representado con las conocidas cuatro letras S. P.Q. R.

(2) Es dudoso que Mario, y otros varios corifeos de su partido, y aún del contrario, hubiesen renunciado voluntariamente la dictadura, como lo hizo Syla; pero como triunfó con César el llamado partido de Mario, o Tribunicio, y siguieron los cesares en el poder, la mayor parte de los escritores de aquél tiempo, todos más o menos aduladores, inventaron mil fábulas para congraciarse con el partido dominante.





sábado, 20 de diciembre de 2014

AYACUCHO (II)



                      (Artículo publicado en el Diario de Tenerife el 20 de junio de 1902)
                             Documentación obtenida de Jable.Archivo de prensa digital de la ULPGC


(Conclusión)

El general sucre, en su brioso caballo de batalla, recorría la línea, y deteniéndose en el centro de ella, dijo con entonación de voz que alcanzó a repercutir en los extremos.

«Soldados: cielos esfuerzos de hoy pende la suerte de la América del Sur. ¡Que otro día de gloria corone vuestra admirable constancia!»

Y espoleando su fogoso corcel, se dirigió hacia el ala que ocupaban los peruanos.

Los batallones contestaron con un estruendoso ¡Viva él Perú!; y rompieron el fuego sobre la división de Valdez, que había tornado, ya la iniciativa del combate. Era en esa ala donde la victoria debía disputarse más reñidamente.

Entre tanto la división Monet avanzaba sobre la de Córdova, y el coronel Guías—de ésta última, —que mandaba el antiguo batallón español Numancia- cuyo nombre cambió Bolívar por el de Voltígeros, — dijo a sus soldados: «Numantinos!: ya sabéis que para vosotros no hay cuartel. En, a vencer o morir matando»

Córdova, ese valiente paladín de veinte y cuatro años, se apeó del caballo, y alzando su sombrero en la punta, de su espada, dio esta original voz de mando: «División. De frente. Arma a discreción, y paso de vencedores». Y dando una irresistible carga a la bayoneta, sostenido por la caballera de Miller, sembró pronto el pánico en la división de Monet.

Sospecho—prosigue diciendo aquí D. Ricardo Palma, -que también la historia tiene sus pudores de niña melindrosa. Ella no ha querido conservar la alocución del general Lara a la división del centro, proclama eminentemente cambrónica —o sea semejante a la del general Cambronne en Waterloo. —Pero la tradición no la ha olvidado; y yo tradicionista de oficio, quiero consignarla. Si peco en ello, pecaré con Víctor Hugo, es decir, en buena compañía. La malicia del lector adivinará los vocablos que debe substituir a los que yo estampo en letra bastardilla. Téngase en cuenta que la división Lara se componía de llaneros y gente cruda, a la que no era posible entusiasmar con palabritas de salón:

«¡Zambos del  espantajo!, les gritó: Al frente están los godos puchueleros. El que manda la batalla es Antonio José Sucre, que como sabéis, no es ningún cangrejo. Con que así, apretarse los calzones... y a ellos»

Y tan furiosa fue la arremetida sobre la división Villalobos, en la cual venía el virrey, que nuestro batallón Vargas no solamente logró derrotar el centro enemigo, sino que acudió en auxilio del general Lámar, cuyos cuerpos cedían terreno ante el bien disciplinado coraje de los soldados de Valdez.

Secundó a Vargas el regimiento Húsares de Colombia, cuyo jefe—el coronel venezolano Lorenzo Silva —cayo herido…

A las doce del día, el virrey Laserna ligera mente herido en la cabeza, se encontraba prisionero de los patriotas. La rivalidad entre Canterse, favorito del virrey y Jefe de E. M. de los españoles, y Valdez, el más valiente, honrado y entendido de los generales realistas, influyó algo para la derrota. El plan de batalla fue acordado sólo entre Laserna y Cantabria, y al ponerlo en conocimiento de Valdés, tres horas antes de iniciarse el cómbate, éste murmuro al oído del coronel de Cantabria: « ¡Nos arreglaron los insurgentes! Ese plan de batalla han pedido urdirlo dos frailes, no dos militares. Los enemigos nos habían hecho flecos antes de que ganemos las faldas del cerro; y aún superando este inconveniente, no nos dejarán formar línea ordenada de batalla»

Desbandada su división, que en justicia sea dicho, se batió admirablemente, Valdez descabalgó y sentándose en una piedra dijo con estoicismo: «Esta comedia se la llevó el demonio. ¡Canario! De aquí no me muevo y aquí me matan»


 Un grupo de sus soldados de quienes era muy querido, le tomo en peso: y consiguió transportarle algunas cuadras fuera del campo.

Aquí dejamos el relato de Palma, que nada más añade de esencial al suceso que  bosquejamos.

Vamos a terminar la relación de este triste episodio de nuestras guerras coloniales, con dos palabras sobre sus principales protagonistas. Del famoso Don Antonio José de Sucre solo diremos que nació en Cumana, por los años 1793, y que desde que pudo manejar un arma se puso al servicio de la causa patriota. En 1813 ya tenía el mando de un batallón, y después de la batalla de Pichincha fue nombrado general en jefe. Con este carácter dirigió la comedia de Ayacucho, en 1824; después fue presidente de la República de Bolivia, y murió asesinado en 1830, casi al mismo tiempo que el general Córdova alcanzó igual trágico fin. Este último, por sus muchas hazañas y raro valor, era ya general de brigada, entre los patriotas, a la edad de veinte y un años.

El virrey D. José de la Sema, que mandaba los nuestros en Ayacucho, en substitución de D. Joaquín de la Pezuela (1), capituló, como es sabido, con los vencedores. Varios de los jefes españoles que se hallaron en aquella jornada, fueron después tildados en España de amigos secretos de los patriotas, y llamados por ende ayacuchos. Sin embargo, ni Laserna ni los otros generales a sus órdenes hicieron traición a su patria, por simpática que algunos de ellos fuera la causa de la libertad. En particular el intrépido Valdez combatió en Ayacucho, como siempre, y puso su vida en el mayor peligro por salvar el honor de nuestras armas. El día 3 del mismo mes de Diciembre (1824), cuando los dos ejércitos se avistaron, Valdez alcanzó con su división la reta- guardia de los contrarios, la atacó impetuosamente, y se apoderó de los parques y de una
parte de la artillería, haciendo además cerca de trescientos prisioneros, pero en las causas perdidas, siempre se atribuye algo a la traición y al cohecho.

Los ingleses también fueron calumniados cuando perdieron las últimas batallas contra los americanos, o indo ingleses, que fundaron la Unión norte americana. Perdimos el continente Sudamericano, a causa de la gran desproporción numérica y la dificultad de enviar prontos socorros desde nuestra península, como los ingleses perdieron casi la mitad de la América del Norte, fuérales o no les fuera simpática la causa que defendían.

                                                                                                                   SOMAR


(1) Según D. Ricardo Palma, no debe contarse a Laserna en el número de los virreyes del Perú, por que fueron solamente las tropas quienes le aclamaron como tal.

jueves, 18 de diciembre de 2014

AYACUCHO (I)


                         
                    (Artículo publicado en el Diario de Tenerife el 19 de junio de 1902)


Este valle y ciudad del antiguo Perú, nos parecen tristes a los españoles, porque allí se dio la última batalla de la independencia del Sudamérica. Pero el hecho nada tuvo de extraño. Ya los Estados Unidos se habían emancipado de Inglaterra; y respecto a las posesiones españolas en aquel continente, casi nada nos quedaba. Si hubiéramos ganado aquella batalla, no por eso habríamos consolidado allí nuestra dominación. La lucha era muy desigual, numéricamente hablando; y bien sabido es que cuando en las Cortes reunidas en Cádiz se trató de dar igual representación a todos los dominios españoles, según su población, se ofreció desde luego el inconveniente de que nuestra península quedaría supeditada a América, por ser mucho mayor la población española ultramarina.

Se proclamó, pues, la independencia Sudamericana; acabó la época del despotismo, como allí decían con marcada exageración; pero comenzó la época de... lo mismo, como también decían por allá, no sin algún fundamento; por que aquéllas repúblicas se han parecido mucho a dictaduras militares, durante ciertos periodos de su historia.

Acabó, pues, en Ayacucho nuestro dominio continental en el país comenzado a descubrir por Cristóbal Palomo; (1) y por mas que sea triste la recordación de ello, no resistimos al deseo de dar a conocer una brevísima reseña de aquella función, o comedia, como la llamaba el general español Valdés. Muévenos a ello la interesante obra de D. Ricardo Palma, que lleva por título Tradiciones peruanas, donde con la erudición y amenidad de estilo que caracterizan a dicho autor, hijo de la ciudad de Lima, vemos el desenlace del drama colonial, o comedia, si así quiere llamársela. Pero debemos ante todo consignar que disentimos del señor Palma, respecto a la desproporción numérica que supone. Otros muchos autores sientan que los españoles allí eran menos en número que los indo españoles; y parece cosa probable, por que ya había llegado al Perú, poco tiempo antes, el general Bolívar, con un refuerzo de once o doce mil hombres, y con el prestigio de sus victorias.

Dejemos ahora al Sr. Palma la narración; dice así este ilustrado escritor peruano:

La batalla de Ayacucho tuvo, al iniciarse, todos los caracteres de un caballeresco torneo.

A las 8 de la mañana del 9 de Diciembre, el bizarro general Monet se acercó con un ayudante al campo patriota, hizo llamar al no menos bizarro Córdova y le dijo:

—General, en nuestro ejército como en el vuestro, hay jefes y oficiales ligados por vínculos de familia, o de amistad íntima; ¿serla posible que antes de rompernos la crisma, conversasen y se diesen un abrazo?

—Me parece, general, que no habrá inconveniente; voy a consultarlo, contestó Córdova; y envió su ayudante al general en Jefe—que lo era Sucre,— quien en el acto acordó el permiso.

Treinta y siete peruanos entre Jefes y Oficiales, y veinte y seis colombianos, desciñéndose las espadas, pasaron a línea neutral donde, igualmente sin armas, les esperaban ochenta y dos españoles.
Después de media hora de afectuosa expansión, regresaron a sus respectivos campamentos, donde les aguardaba el almuerzo.

Concluido éste, los españoles, jefes, oficiales y soldados se vistieron de gran parada, en lo que los patriotas no podían imitarles, por no tener mas ropa que la que llevaban puesta. Sucre vestía levita azul cerrada, con una hilera de bolones dorados, sin banda, faja ni medallas. Córdova tenía el mismo uniforme de Sucre pero en vez de sombrero apuntado llevaban uno de jipi-japa.

A las 10 volvió a presentarse Monet, a cuyo encuentro salió Córdova, como la vez primera.

—General, le dijo aquél, vengo a participarle que vamos a principiar la batalla.

—Cuando Vds. gusten, general, contestó el valiente colombiano. Esperaremos a que Vds. Rompan los fuegos para contestarlos-

Ambos generales se estrecharon la mano, y volvieron grupas. No pudo llevarse más galantería por ambas partes.

A los americanos nos tocaba hacer los honores de la casa, no quemando los primeros cartuchos, mientras los españoles no nos diesen el ejemplo.

Sería poco más del diez y media de dicha mañana, cuando la división de Monet, compuesta de los batallones Burgos, Infanta, Guías y Victoria, a la vez que la división de Villalobos formada por los batallones Gerona, Imperial y Fernandinos, empezaron a descender de las alturas, sobre la derecha y centro de los patriotas.

La división al mando de Valdés, organizada con los batallones Cantabria, Centro y Castro, había dado un largo rodeo, y aparecía ya por la izquierda. La caballería, al mando de Ferráz, constaba de los húsares de Fernando VII, dragones de la Unión, granaderos de In Guardia, y escuadrones de San Carlos y de alabarderos. Las catorce piezas de artillería estaban también convenientemente colocadas.

Los patriotas estaban aguardando el ataque, en línea de batalla. El ala derecha era mandada por Córdova y se componía de los batallones de Bogotá, Caracas, Voltigeros y Pichincha. La división del general Lara, con los batallones Vargas, Rifles y Vencedores,
ocupaba el centro. El general Lamar con os cuatro cuerpos peruanos, sostenía la izquierda. La caballería, a órdenes de (error en el ejemplar consultado) se componía de húsares de Junin (2), y de Colombia y de los granaderos de Buenos Aires.

(continuará)                     
                                                                                                               SOMAR

(I) Al naturalizarse en España aquél célebre genovés, no hizo lo que otros muchos, esto es, traducir al castellano su apellido. Aquí nos permitimos traducirlo, y advertir que si lo hubiera dado a las islas que descubrió, se llamarían hoy Palomas en vez de Antillas, hablando en castellano.
Pero si no tradujo su apellido aquél famoso navegante, ni lo hicieron tampoco sus contemporáneos, en cambio lo abreviaron, diciendo Colón en vez de Colombo como se llamaba antes de que realizara su viaje  a las Indias por Occidente.


(2) En el campo de Junin habían, poco tiempo antes, ganado los llamados patriotas, una muy reñida acción contra las tropas españolas. Mandaba a aquellos e1 célebre Bolívar, llamado el Washington de la América del Sur.

domingo, 14 de diciembre de 2014

EL GLOBO DE BEHEIM



                  (Artículo publicado en el Diario de Tenerife el 28 de mayo de 1902)

Durante la Edad Media casi toda Europa estuvo sumida en las tinieblas de la ignorancia. Las más ridículas supersticiones pasaban por verdades, sobre todo, cuando las apoyaba la fe ciega en tal o cual creencia religiosa. Desde la más remota antigüedad, los hombres de verdadero talento y saber, se vieron contrariados y aún perseguidos por los fanáticos y estúpidos secuaces de los dogmas del Paganismo; y desgraciadamente al implantarse el Cristianismo, no los cristianos ilustrados, sino los bárbaros de la Religión— que en todas les hay y ha habido—se encargaron de proseguir con mayor o menor buena fe, la triste misión de defender, como ellos decían, sus sagradas creencias, y por consiguiente atacar el progreso de las ciencias.

Desde mucho antes de nuestra Era, sostuvieron varios sabios que la Tierra es un cuerpo esférico, y por ello fueron más o menos perseguidos por muchos secuaces del culto pagano. Más tarde sucedió una cosa análoga, cuando Galileo dijo que la Tierra se movía. La esfericidad de nuestro planeta fue reconocida hasta por los poetas del siglo de Augusto. Ovidio comienza su famoso poema describiendo la Creación, y presentando a la Tierra como un astro.

La teoría del movimiento de nuestro planeta en torno del Sol, es más antigua de lo que vulgarmente se dice. Desde los tiempos de Pitágoras era conocida, y sostenida por Aristarco de Samos, Filolao de Crotona y otros sabios de aquella época. El célebre Platón tenía en tan alta estima al citado filósofo crotonense, que no dudó entregar una gran suma para obtener sus obras, según lo observa Aulo Gelio. Además, fue también Filolao uno de los primeros sabios que declararon y reconocieron un ser Supremo, y único creador de todo lo que existe. Lo mismo se opinaba por muchos durante el período Romano, y consta en diferentes autores de aquel tiempo.

Pero las múltiples y sucesivas invasiones de los pueblos bárbaros, sepultaron en el olvido esos y otros muchos conocimientos; se volvió a las tinieblas de los tiempos más antiguos; y hasta el Renacimiento no volvió a plantearse la cuestión de si la Tierra era o no una vasta extensión, sin límites, de tierra y agua. Aquí se dibujan las figuras colosales de Toscanelli y de Beheim, figuras que hoy no tienen importancia, a causa de los modernos progresos científicos; pero que fueron entonces verdaderos gigantes del saber.

Dice el doctor Chil —pagina 94 del tomo I—que el globo de Martín Beheim, o Behaim, no es si no una copia del mapa de Toscanelli. No queremos contradecir a aquel ilustrado escritor, cuya pérdida lamentamos; pero me parece que en algo varían uno y otro trabajo, y que si bien naturalmente el primero citado de aquellos dos geógrafos, utilizó los conocimientos del segundo, no por eso dejó de agregar varias noticias, de las que por otras vías llegó a procurarse.

Globo de Beheim o Behaim

No parece probable que fuera solamente Beheim quien hiciera globos en su tiempo; me inclino a creer que otros geógrafos de aquella época, y aún anteriores, trabajarían también en ese sentido; pero entre todos fue aquél quien más contribuyó a demostrar la esfericidad terráquea, y por consiguiente la posibilidad de pasar al Asia por la vía de Occidente. Incurrió, como tantos otros, en un error, cual fue suponer mucho menor de lo que es la distancia entro Europa y Asia; pero eso no debe parecemos extraño, en vista del atraso de los conocimientos geográficos en aquel tiempo.

Conocida la redondez de la tierra, se renovaron las empresas para marchar al Asia por Occidente, y para descubrir nuevas tierras, o al menos, nuevas islas en el mar Atlántico. Desde las épocas fenicia y cartaginesa se intentaron navegaciones con tal objeto, y no falta quien asegure que los fenicios llegaron a Terranova. Cualquiera, sin ser un Colón, sino un simple navegante atrevido, podía llegar a América, con sólo perseverar en su itinerario hacia Occidente. Esto es claro y evidente, como lo es asimismo que Colón jamás tuvo noticia del nuevo-mundo, o nuevo Continente, sino que tropezó con él marchando en solicitud de las Indias, o sea del Asia, y quedó creído de que había llegado a ella. Se ha censurado, acaso sin razón, que se llamara América, y no Colonia, al nuevo mundo descubierto; pero es lo cierto que Américo Vespucio fue quien primeramente demostró que aquello no era el Asia, sino un nuevo continente: y es increíble lo que esa teoría, o tesis, tuvo que luchar contra la arraigada y hasta religiosa creencia de que no eran mas que tres las partes del mundo. Su buena parte de gloria cupo a Balboa en ese litigio, cuando penetró en el istmo americano y descubrió el grande mar Pacífico, que separaba y separa el nuevo mundo del viejo, por el Oeste de América.

Behaim construyó su globo en el año 1492, según dicen sus biógrafos, los cuales nada dicen que aprendiera de Toscanelli. Pasaba por ser el primer navegante de su tiempo, si bien después se ha reconocido que tanto los países que visitó, como los que conoció por referencias, los diseñó con poca exactitud, lo mismo que hicieron sus predecesores y contemporáneos en los estudios geográficos. Se pretende que en uno de sus viajes penetró en América hasta el estrecho que hoy se llama de Magallanes; pero esto es cosa que no ha podido ser demostrada satisfactoriamente. 

No terminaré esta breve indicación o noticia, sin dos palabras de homenaje al célebre florentino Pablo Toscanelli, que con Behaim parte la gloria de ser los dos principales regeneradores de la Geografía, casi desconocida o mejor dicho olvidada en los tiempos que inmediatamente precedieron a aquellos, Toscanelli murió antes que Behein, por los años 1490. Había incurrido en el mismo error de suponer el diámetro de nuestro Globo mucho menor de lo que es, y en su famoso informe al rey de Portugal, aseguraba que los lusitanos podían llegar a las Indias asiáticas, por la vía de Occidente, en igual o menos tiempo que empleaban en pasar desde Lisboa hasta sus más meridionales posesiones en África. Fue desde el año 1474 que dio ese informe, el cual llegó a noticia de Cristóbal Colón. Varios navegantes, casi todos italianos, intentaron antes y después de dicho año, penetrar en el Atlántico hasta llegar al Asia; y entre los primeros son bien conocidos los hermanos Vivaldi, y un Doria (1). Pero o retornaban sin llegar hasta el continente americano, o no retornaban. Sin embargo, se asegura que algunos volvieron con la noticia de dicho continente, o por lo menos, de las islas que le son anexas, después de haberlas pisado, como se dice fue Hernán Sánchez de Huelva. Toscanelli habla de la Antilia o Antilla, en su informe citado, y en otros trabajos, isla que pretendió hallar Colón más tarde, como es sabido. También habla de otras islas, y países asiáticos, o tenidos por tales, a causa de la distancia relativamente corta que se entendía mediar entre Europa y Asia.

Ese error contribuyó mucho a anticipar el descubrimiento del nuevo mundo como se explica y comprende fácilmente. Toscanelli describe con alguna más exactitud, o menos inexactitud, que Behaim, la parte que conocía, del Asia verdadera, a donde ya habían penetrado muchos europeos por la vía de Oriente.

Yo no sé como uno y otro geógrafo, que según frase admitida, se adelantaron a  su siglo, no sé -repito- como no fueron víctimas de la superstición general de su tiempo. El que en aquella época declaraba que lo Tierra era esférica, o que giraba en torno de Sol, se exponía a ser declarado hereje, lo mismo poco más o menos que quien dijera que eran cuatro y no tres las partes del mundo. Galileo tuvo que hacer pública retractación de la gran herejía del movimiento de la Tierra, sin lo cual hubiera sido quemado, o sepultado vivo. Sócrates bebió la cicuta por otra análoga contravención a las sagradas creencias de los griegos; lo cual prueba que la estupidez y el fanatismo no son patrimonio exclusivo de una religión solo; en todas ellas penetran más o menos, y las contaminan. Esto nos hace recordar al tristemente célebre califa Omar, cuando destruyó la grandiosa biblioteca de Alejandría, inmenso repertorio de todos los conocimientos humanos de aquella y otras épocas anteriores, cuya conservación hubiera contribuido eficazmente a la cultura, hubiera adelantado no poco la civilización. «Si esos libros -dijo Omar- nada adelantan a lo que el Corán nos enseña, y están conformes con él, hay que quemarlos por innecesarios y embarazosos; pero sí son contrarios al Corán, entonces hay que quemarlos todavía más pronto». Para Omar y muchos otros, todo lo que no sea su respectivo Corán, es cosa abominable, que precisa destruir antes que el mundo se picaba y perezca por causa de tales herejías.

Copérnico, y aún Tycho-Brahe, también se salvaron milagrosamente. En cuanto a  Tolomeo, ya se sabe que vivió mucho antes y en una época de menos fervor teológico pagano. Además, aun que sostenía que la Tierra era simplemente un astro, le suponía inmóvil ni centro de nuestro sistema planetario.

Apresurémonos, sin embargo, a decir que aún en los tiempos de mayor fanatismo, hay siempre personas cultas que no deben ser confundidas con el vulgo. El cardenal Giovanni de la Casa, arzobispo que fue de Benevento, escribió antes que Copérnico en favor de la misma teoría astronómica que éste último estableció, y no por ello tuvo que sentir, ni fue perseguido. Es verdad que uno y otro lo hicieron con la salvedad de que sólo sentaban una hipótesis. No está de más consignar también que dicho sabio prelado fue nuncio del pontífice Pablo III, y secretario de cámara de Pablo IV.

                                                                                                               SOMAR


(1) Esa expedición, que data del XIII siglo, y otras que antes y después debieron emprenderse para llegar a las Indias asiáticas por Occidente, demuestran claramente cuan antiguo era ese conato y el conocimiento que se tenía de la redondez de la Tierra, al menos, entre la gente ilustrada y culta de aquellos antiguos tiempos de barbarie y superstición.