martes, 11 de noviembre de 2014

ANTIGUAS COLONIAS EN ESPAÑA (II)

                   (Artículo publicado en el Diario de Tenerife el 31 de marzo de 1900)
(Conclusión)

Entre otros griegos, los rodios se asegura que pasaron a España, desde fecha remota, y que aquí establecieron factorías y colonias. Las ciudades o villas que se llamaron Barcino, Rosas y Empories, en la actual Cataluña, fueron según algunos autores fundación de rodios, y según otros, de focences o foceanos. Los rodios eran griegos de Asia, pues a esa parte del mundo corresponde la isla de Rodas o Rosas—que significa lo mismo. Empories se llamó después Ampurias, y su comarca o territorio se conoce todavía con el nombre de Ampurdán.

Respecto a varias ciudades, entre ellas la Antigua Barcino o Barcinone, hay desacuerdo aparente más bien que efectivo acerca del pueblo que la fundara. Varios pueblos o gentes reedifican y repueblan una o más veces a una ciudad ya de antemano fundada, y suelen pasar todos ellos por sus fundadores. Es mas, han podido pasar por tales los que tan solo la han variado o cambiado el nombre antiguo que llevaba. Eso según parece, ha sucedido con la ciudad citada, y con muchas otras, cuya verdadera fundación se ignora a quien o quienes es debida, lo mismo que la fecha en que tuvo lugar. (1)

Esto que dejamos insinuado no es más explicable a la antigua Gades o Gadir—hoy Cádiz, —ciudad antiquísima cuyo origen es de los más dudosos. Atribuyese comúnmente su fundación a los fenicios, que se asegura levantaron allí un templo a Hércules; otros atribuyen aquella fundación al mismo Hércules y sus compañeros de viaje; de cualquier modo, es indudable que si los fenicios no la fundaron, por lo menos se establecieron y fortificaron allí. Más tarde los cartagineses se apoderaron de aquella plaza, como es sabido, y la conservaron hasta que tuvieron que cederla a los romanos.

Esa frecuente colonización hecha en la Iberia occidental— que varias veces ha sido confundida con la oriental o asiática, ocasionando groseros errores en la Historia,—ha producido aquí una fusión de razas cual acaso no existe otra mayor en el mundo; siendo un resultado de ella la duda que hay acerca de la verdadera nacionalidad o linaje de una multitud de hombres célebres que España ha producido. Los Sénecas, Trajanos, Adrianos, Balbos. Lucanos, Marcíales, Silios, Melas, etc. todos ellos naturales de nuestra península, se duda si eran o no de origen español o sea ibero. Probablemente su linaje sería tan vario como lo era el de la mayor parte de sus compatriotas Y ya que citamos a Marcial, diremos que es uno de los autores que mejor dan a conocer las costumbres romanas y españolas, de su tiempo—primer siglo de nuestra Era —Sus obras demuestran que España en aquella época no era muy inferior a Italia en cultura intelectual , y que, la vida no ofrecía menos recreos o amenidad en la una que en la otra península... ni tampoco menos relajación en las costumbres (2). Pero prosigamos el interrumpido relato.

 Cerca de Cádiz estaba el famoso árbol llamado de Gerión, que brotaba sangre cuando se le hería y que por esa y otras señales que del  mismo dieron los antiguos, se viene en conocimiento que era un drago, semejante a los que se ven en Canarias. Probablemente sería entonces un árbol gigantesco y antiquísimo, como el qué hasta no ha mucho tiempo se veía en el Jardín de Franchy — valle de la Orotava, en Tenerife, —o como otro no menos notable que todavía se ve junto al ex convento Dominico de la Laguna, en ésta misma isla, árbol que  dicho sea de paso, le tenemos tan cerca y pocos son los que le han visto; tampoco son muchos los que tienen noticia de su existencia(3)

No hay duda que los fenicios poseyeron una buena parte del litoral de Andalucía, que se 1es atribuye, no sin razón, la fundación de factorías, pueblos, ciudades y colonias en dicho litoral. Entre otras la ciudad de Málaga se cree ser de origen fenicio, lo mismo que Sidonia, a la cual los árabes dieron más tarde el nombre de Medina.

Los tiempos y manera en que fue sustituido en nuestra Península el poder fenicio por el cartaginés, no nos consta claramente. A la verdad los púnicos, como de origen fenicio tanto o más que africano, es verosímil que mantuvieran frecuentes y aun continuas relaciones con les fenicios de Asia y los de nuestra España, sobre todo desde que la marina de los cartagineses se hizo poderosa. Es verosímil también que estos últimos traficaran por su parte en la misma península, casi lo mismo y al mismo tiempo que  lo hacían aquellos, pues que tenían ancho campo para sus empresas y especulaciones. Pero además, parece y así lo afirman varios autores, que los fenicios se vieron en un gran conflicto, por haberse levantado en su contra casi todo el país que hoy se llama Andalucía, y haberles puesto en gran estrechez y aprieto, en términos que tan solo en Cádiz y algún otro lugar fuerte de la costa pudieron mantenerse. En tal apuro, se dice que llamaron en su auxilio a  los púnicos, ofreciéndoles grandes recompensas o sea compensaciones, entre ellas las de cederles casi todo el país que en España poseían, oferta que fue aceptada por aquellos; bien entendido que en éste país cedido a Cartago entraban varios pueblos y ciudades o vidas, es decir, la mayor parte de todo aquello que los fenicios poseían en la Península, y que habían recuperado los iberos o españoles.

Cartago aprestó una formidable escuadra, y con la gente embarcada en ella—casi toda compuesta de africanos- invadió diversas partes del territorio peninsular sustituyendo realmente a los fenicios, y tal vez excediendo a lo pactado con éstos. Todo esto se dice tuvo lugar cosa de un siglo antes de la primera guerra púnica.

No es del caso referir aquí la historia de la dominación cartaginesa en España, ni siquiera hacer la relación y enumeración de las nuevas colonias que sucesivamente fundaron en territorio español. España no se abrió al cartaginés tan incautamente como algunos pretenden o acaso han creído; los españoles resistieron la invasión cuanto les fue posible; pero no formaban un estado grande y compacto, sino pequeños Estados, que con frecuencia estaban en guerra entre sí. No debemos omitir otra versión relativa al asunto según la cual la entrada y rápido engrandecimiento de los cartagineses en España, no fueron debidos a la antedicha causa sino a que se alía con los españoles para echar de la península a los fenicios; esta noticia no parece tan falta de apoyo o fundamento como algunos han creído.


Pero lo repetimos, no es tal asunto histórico el objeto de los presentes renglones. Únicamente nos hemos propuesto indicar la colonización que desde remotos tiempos se ha hecho en España, como se ha hecho en otros muchos países. Las naciones son entidades que tienen su respectivo carácter y modo de ser; pero todas y cada una han sido formadas por la sucesiva agregación de pueblos diversos, que se han unido e identificado más o menos. Nuestro pueblo es uno de los que se han formado con mayor número de elementos étnicos iberos, celtas, galos —de quiénes se dice viene el nombre de Galicia, fenicios y púnicos, griegos, romanos, árabes y otros africanos, han formado el pueblo español y el lusitano, en combinación con las gentes venidas del Norte, cuales fueron los godos, suevos, vándalos, alanos etc. En Italia, Turquía y Grecia ha sucedido casi mismo. Inglaterra o sea las Británicas, ofrecen como Francia, Austria, Hungría y otras naciones, otra reunión de pueblos distintos, siendo de notar la diversidad de idiomas que en las Británicas había antes de su conquista por los romanos y por los daneses, sajones y normandos. Sin embargo, varios pueblos britos, bretones o británicos—que es igual—se mantuvieron constantemente independientes, como en España los cántabros y vascos.

Y si dirigimos una ojeada al África y al Asia ¡cuantas revoluciones, sucesiones y mezcolanza de pueblos se ofrecen a nuestra consideración! El Egipto, la Turquía asiática, la Persia y otras naciones, estados o pueblos han sufrido innumerables transformaciones, en términos que muchos de ellos han perdido enteramente su antigua nacionalidad, como lo han sido los asirios, ninivitas, babilonios, medos, sirios, fenicios, macedonios, lidios, dorios, etc. etc.

Tales han sido y son las vicisitudes de las naciones.; y sus alternativas, ora de grandeza y poderío, ora de decadencia y abatimiento, en el qué algunas llegan a desaparecer, no porque se extinga su población, sino por que se disemina en parte y en parte se funde con el pueblo o nación invasora.

                                                                                                                                           R. GARCÍA-RAMOS


(1) Es opinión común que la antigua Barcino debe su fundación y nombre a los cartagineses y que aquel nombre se le dio en obsequio u homenaje a los Barcas de Cartago. Pero estudiando algo más la cuestión, se descubre que los Barcas procedían de la villa de ese nombre en la Cirenáica; que la antigua y famosa Ciren fue largo tiempo la rival de Cartago, y la marina presidió a la púnica en empresas y viajes atrevidos por todo el Mediterráneo; y por último, que los Barcas de Ciren, y no los de Cartago, pudieran haber sido los fundadores de la sobre dicha ciudad, que casi siempre se mostró hostil para con los púnicos.

(2) Marco Valerio Marcial fue natural de la ciudad de Bilbilis, en el actual Aragón. En sus Epigramas retrata al natural nuestras costumbres y las italianas, con un estilo y elegancia que acaso ningún otro autor ha llegado a superar. En algunas de las antiguas colonias que citamos arriba hace ver que la vida no se distinguía mucho de la que se hacía en Roma. Celebra en particular a las bailarinas españolas de Cádiz, y esperamos se nos dispense el insertar en esta nota algunas de sus frases:

  «Nec de Gádibus improbis puellae vibrabunt sine fine prurientes lascivos docili tremore lumbos.
Edere lascivos ad Bética crumata gestus et gaditanis ludere docta modis >


(3)  Se halla en la huerta que fue de dicho Convento, casi tocando a los muros de este, en un recinto también murado, que es de propiedad particular. Su dueño actual es el Sr. Nicolás Afonso y Avecilla.

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